Grupos de influencia

  • Jordi Xifra Triadú

     Jordi Xifra Triadú

    Doctor en Publicidad y Relaciones Públicas. Profesor titular de Estrategias de relaciones públicas y comunicación corporativa del Departamento de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), donde lidera la línea de investigación sobre comunicación y grupos de influencia de la Unidad de Investigación en Comunicación Audiovisual (UNICA).

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Introducción

Aunque este módulo es una introducción a los grupos de influencia como fenómeno genérico, nos vamos a aproximar a él a través de su dimensión de sujetos privilegiados para las relaciones públicas.
El estudio de los grupos de influencia nos remite directamente al tema de la participación política más allá de las elecciones. Se trata de una cuestión recurrente de la vida política en las democracias contemporáneas. Los ciudadanos y los actores políticos exigen ser oídos por los poderes públicos y participar más directamente en los procesos de elaboración de políticas públicas. Incluso hay analistas que opinan que la democracia está cambiando y deja de ser representativa para ser participativa.
Los grupos de influencia, así contemplados –es decir, desde una óptica comunicacional inherente a su condición de actores influyentes–, se han convertido en elementos estructurantes de la sociedad. Sin embargo, vivir en una sociedad de grupos y movimientos sociales implica consecuencias importantes para el ejercicio del poder en el seno de las instituciones del estado. En la medida en que los grupos de influencia desempeñan un papel de productores de normas, se impone analizar su funcionamiento y sus actividades tanto desde el punto de vista funcional y empírico como desde el ángulo normativo.
Los puntos de aproximación analítica a los grupos de influencia son múltiples. Ciertamente, existe una profusión de términos que circulan en la mayoría de los textos sobre el fenómeno: militantes, sociedad civil, movimientos sociales, democracia deliberativa, democracia participativa, lobbies, grupos de interés, grupos de presión, grupos de influencia, etc. La elección de un punto de aproximación a partir de uno de esos términos equivale, claro está, a una toma de partido propia de todo trabajo analítico.
Estudiar la demanda de más participación ciudadana a través de los grupos de influencia implica poner el acento en las relaciones entre los representantes de ciertos intereses sociales, económicos y políticos en el espacio público. Esta dimensión relacional es la que deliberadamente hemos elegido para este módulo introductorio a estos importantes agentes de las relaciones públicas contemporáneas. Así, ponemos atención en el modo como estos intereses se representan y la influencia que esta representación puede ejercer sobre el procedimiento de elaboración de una decisión pública en sus dimensiones personal (influencia sobre los decisores) y pública (debates en el espacio público).
Con este horizonte, cuyo total desarrollo constituye el contenido de la asignatura, este módulo se inicia con la definición de grupo de influencia, partiendo de una conceptualización detallada para, una vez analizados sus principales elementos (organización, interés e influencia), llegar a un concepto amplio –ya apuntado en la introducción a la asignatura– que os permita integrar o no en él otras figuras, en principio afines, pero cuya actividad los convierte o puede convertir en, si no grupos de influencia propiamente dichos, sí en aliados naturales en las estrategias de influencia que los grupos diseñan e implementan para defender sus intereses en el proceso de toma de decisiones de los poderes públicos.
Esta estrategia y sus acciones conforman el núcleo de la operativa diaria de los grupos de influencia. En efecto, si bien la elección del punto de aproximación terminológico puede parecer insuficiente para comprender todo el abanico de cambios de la actividad política en las actuales sociedades democráticas, no lo es para esclarecer las formas que adoptan la representación de intereses sectoriales y sus estrategias de representación-comunicación. Y este aspecto es el que nos parece esencial no sólo para entender la evolución de la vida política en las democracias contemporáneas –donde el rol de la comunicación es ya inherente–, sino para analizar cómo se desarrollan estas estrategias.
Comprender esta dinámica de la representación de intereses es lo que pretendemos dedicando una unidad de este módulo al papel de las relaciones públicas como función directiva esencial –mejor dicho, consustancial– de los grupos de influencia. En efecto, la influencia es persuasión, en el sentido noble del término, en la línea en que lo son también los proyectos de relaciones públicas. En tanto que vehículos estructurales de la representación y participación de la sociedad civil en los procedimientos decisorios de los poderes públicos que se sirven de la comunicación para hacer valer sus tesis, los grupos de influencia constituyen estructuras sociales no sólo legítimas, sino también necesarias para dotar de todo su sentido a las sociedades democráticas contemporáneas.
En estas sociedades, el debate público ha sufrido un fenómeno singular: la colectivización de los líderes de opinión. En la actualidad ya no son únicamente expertos reputados e independientes quienes intermedian entre los medios de comunicación social y la ciudadanía, según el esquema clásico de la teoría del two step flow of communication. Actualmente, esta función también la realizan organizaciones generadoras de ideas coherentes con los intereses de aquellos grupos de influencia o personas que las crean con el fin de que dichas ideas y posiciones sean recogidas por los medios de comunicación. Nos referimos a los think tanks y a una clase específica de éstos, los advocacy tanks. La importancia de ambas figuras –próximas (cuando no confundidas) con los grupos de influencia– no sólo como actores del nuevo marketing de las ideas, sino por ser excelentes compañeros de viaje en las estrategias de lobbismo debido a su notable dimensión de expertos en la materia en cuestión, justifican que les dediquemos la última unidad de este módulo.

Objetivos

Los objetivos que el estudiante debe alcanzar con este módulo didáctico son los siguientes:
  1. Tener una visión amplia de los grupos de influencia, más allá de la teoría clásica de la comprensiva política.

  2. Conocer los vínculos entre los grupos de influencia y otras figuras afines, como los movimientos sociales.

  3. Distinguir los elementos clave de los grupos de influencia y su repercusión a la hora de definirlos.

  4. Destacar la dimensión comunicativa de los grupos de influencia, la importancia de las relaciones públicas en su funcionamiento, así como su legitimidad.

  5. Entender el fenómeno de los think tanks en el contexto de la nueva comunicación persuasiva de las ideas en el espacio público.

1.Delimitación conceptual y terminológica

Para el estudio de los grupos de influencia es esencial asentar desde un principio cuál es su objeto. Para ello, debemos definir el fenómeno, delimitarlo y contrastar su denominación.

1.1.Concepto

Un grupo de influencia es una organización, distinta de los partidos políticos (1) , constituida para la representación y defensa de intereses comunes a sus miembros y que ejerce, regular u ocasionalmente, una influencia directa o indirecta (a través de los partidos políticos o de los medios de comunicación) sobre los poderes públicos para obtener decisiones conformes a sus intereses.
Grupo de influencia y público de la teoría situacional
Si comparamos este concepto con el de público de la teoría situacional, observaremos que son sinónimos. Sin embargo, esta sinonimia sólo se aplica si nos situamos desde la perspectiva de los poderes públicos, es decir, desde la situación inversa que adoptamos en esta asignatura, cuyo objeto es estudiar la comunicación ascendente, de los grupos hacia los poderes públicos, y no la descendente, de gobernantes hacia gobernados.
En las sociedades democráticas, los grupos de influencia experimentaron un auge considerable en las décadas de 1960 y 1970 a causa, principalmente, de una toma de conciencia por parte de la ciudadanía de nuevas oportunidades de participación política con relación a decisiones públicas que le concernían. Esta situación puso de manifiesto la emergencia de un espacio público protagonizado por individuos y grupos de la sociedad civil que se expresaban en nombre propio y en el de sus miembros sobre temas que les afectaban directamente. Deseosos de participar en procesos de toma de decisiones públicas más allá de las convocatorias electorales, los ciudadanos se unieron y formaron grupos de interés en torno a diferentes cuestiones sobre las que querían ser oídos y escuchados.
La concienciación ciudadana
En Estados Unidos esta concienciación se encuentra ya en la década de 1950, especialmente entre las guerras de Corea y de Vietnam. Actualmente, medio siglo más tarde, este fenómeno se extiende a escala global, como demuestran las movilizaciones contra la guerra de Irak o la globalización.
Han existido casi tantas definiciones de grupos de influencia como autores se han interesado por el fenómeno. Incluso desde el ámbito de las relaciones públicas, la doctrina se ha referido a ellos, aunque sin denominarlos como tales, al tratar de los públicos. Así, Grunig y otros (2002) se centran en la dimensión activista de los grupos de influencia, quizá más propia de los movimientos sociales que de las organizaciones de influencia.

"Un público activista se compone de dos o más individuos, agrupados con el fin de ejercer una influencia sobre otro u otros grupos a través de la acción, que se manifiesta por la enseñanza, el compromiso, la persuasión, las tácticas de presión o la fuerza".

Grunig [y otros.], 2002, pág. 446

Así, un grupo de influencia constituye una entidad organizada, formada por miembros activos, con objetivos claros. Sus miembros deben ser movilizados ante la consecución de metas que afectan a determinadas políticas gubernamentales.
La entidad autónoma que forma el grupo de influencia dispone de personal para poner en práctica una serie de actividades destinadas al cambio, la mejora o el mantenimiento de una política gubernamental, de leyes o reglamentos, etc. Algunos grupos de influencia pueden tener como objetivos el cambio de un comportamiento medioambiental, la mejora de las condiciones de trabajo, la abolición de la contratación de mano de obra infantil y juvenil, o cualquier causa humanitaria, social, económica, política o cultural. Los grupos de influencia pueden oponerse al gobierno, a las instituciones o a las empresas privadas. Los movimientos medioambientales, asociaciones de estudiantes, organizaciones de lucha contra el sida y ligas de defensa de los animales, son igualmente considerados grupos de influencia.
Del mismo modo, los grupos de influencia y las empresas pueden aliarse para llevar a cabo acciones de lobbismo. Las estrategias y tácticas del lobbismo de las que disponen las empresas para intervenir ante los poderes públicos son múltiples, pragmáticas y variables. Una compañía privada puede, según las necesidades a corto o largo plazo, elegir asociarse con grupos de influencia que militan en su sector de actividad. También puede recurrir a sus propios servicios organizativos, o incluso contratar a consultoras especializadas en este tipo de mediación. Y, en muchas situaciones, el lobbismo se practica mediante la conjugación de estos tres factores.
Desde un punto de vista funcional, como sujetos del lobbismo, una empresa, normalmente una gran compañía, también ha de considerarse como grupo de influencia.
No obstante, la opinión pública suele evaluar negativamente el vínculo entre las empresas y las relaciones gubernamentales. Se considera poco ético y se relaciona con el tráfico de influencias, especialmente cuando la legitimidad del lobbismo se pone en duda por los representantes del Estado. De hecho, en una sociedad democrática, cualquier grupo, incluidas las empresas, puede hacer valer sus puntos de vista e intentar influir en los vestíbulos del poder político.
Así, la imagen pública del lobbismo está estrechamente ligada a la concepción de la democracia y de los valores morales de las sociedades (Farnel, 1994). Depende también de la propia imagen de los medios económicos y financieros desde donde emana muchas veces esta actividad. Por ello el lobbismo ha sido asociado, en determinadas ocasiones, a tentativas más o menos legítimas de influir en las decisiones del Estado para salvaguardar intereses particulares.
La percepción del ejercicio de la influencia sobre los poderes públicos, en general, y del lobbismo, en particular, varía en función de quién lo practica. Si la acción de influencia se ejerce por sindicatos, por grupos humanitarios, por asociaciones comunitarias de ciudadanos o por empresas, la percepción no será la misma. En principio, el lobbismo, al igual que ocurre con la práctica del derecho, permite representar y defender las causas y los intereses de todos los individuos y de todos los grupos. Evidentemente, todas las causas, respecto al bien común (según el interés público o intereses públicos), no tienen la misma legitimidad, pero su apreciación varía según las épocas y las culturas, según los entornos y las posiciones sociales de cada uno. Sin embargo, cuando un grupo de influencia dispone de más recursos, financieros o políticos, para imponer su posición en el ámbito político, puede surgir un problema de iniquidad. Esta iniquidad, de hecho, y no de derecho, está vinculada a la asimetría de la influencia y representa un problema importante. De ahí los esfuerzos de distintos grupos de influencia para restablecer el equilibrio:

"La cuestión principal es saber si distintos ciudadanos o grupos de ciudadanos tienen las mismas oportunidades de conseguir que el gobierno actúe en el sentido de sus demandas. ¿La influencia está repartida equitativamente? Las diferencias del poder de influencia... engendran iniquidades respecto a las ventajas obtenidas del gobierno. Puesto que, en las sociedades occidentales, el gobierno posee enormes recursos financieros y ostenta poder normativo, cualquier diferencia en la distribución de las ventajas por el gobierno (y, por tanto, en la influencia ejercida) contribuye enormemente a amplificar la desigualdad. De hecho, los procesos de influencia constituyen uno de los mecanismos a través de los cuales se produce la desigualdad".

Braam, 1981, pág. 268

Para comprender las causas de esta iniquidad, es necesario conocer los modos de representación social y política de los grupos de influencia que ejercen sus actividades en todos los campos de lo social, así como en el ámbito local e internacional.

1.2.Delimitación

Nos enfrentamos aquí al problema de la delimitación del término, un empeño bastante complejo. En efecto, al analizar las distintas posibilidades de unión de personas en busca de unos fines determinados, encontraríamos a la familia, las asociaciones vecinales, las empresas, los partidos políticos, los clubes sociales, etc.
Ante esta amplitud, nos referiremos a algunas de las estructuras sociales –genéricas unas y específicas de culturas y sistemas políticos, otras– a través de las cuales los ciudadanos tienen la posibilidad de participar asociativamente para la consecución de sus fines mediante la acción frente a los poderes públicos. A pesar de que pueden actuar a través de un repertorio de actividades propias de un grupo de influencia, su inclusión en esta categoría no siempre es fácil. Al analizar más adelante los elementos estructurales de los grupos de influencia, notaremos que un concepto amplio de estos grupos, fundamentado en su función, caracterizaría las siguientes estructuras sociales como "grupos de influencia" de acuerdo con alguna de sus actividades.
Por este motivo, y dada también su cada día mayor relevancia en las estrategias comunicativas y de lobbismo ante los poderes públicos, dedicaremos en este módulo una unidad específica a los think tanks.
1.2.1.Movimientos sociales
En los umbrales de este siglo, el activismo político, y en particular los movimientos sociales, han obligado a la doctrina norteamericana de las relaciones públicas a que les dedicara bastante tiempo no sólo a raíz de la globalización económica y sus efectos en la formación de estas estructuras sociales, sino como paradigma de los públicos activos de las campañas de relaciones públicas.
Curiosamente, este importante sector doctrinal no ha prestado la misma atención a los movimientos sociales en su función de promotores de esas campañas, es decir, como sujetos activos y más o menos estructurados de las relaciones públicas, cuyas estrategias y técnicas son el núcleo de su política comunicativa-reivindicativa.
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En efecto, los movimientos sociales constituyen uno de los emisores cualificados de las relaciones públicas. Su presencia en los medios de comunicación es un hecho habitual del panorama informativo actual. Su estrategia comunicativa se fundamenta en sus acciones de influencia, que, por regla general, corresponden a actos o eventos concebidos y ejecutados para la defensa de sus fines.
Los movimientos sociales utilizan más o menos directamente los servicios de los medios para informar de sus acciones. Sin embargo, no disponen de una misma capacidad de acceso a ellos. Algunos únicamente acceden a través de estrategias de ruptura, donde la violencia y la exageración son a menudo empleadas como último recurso para tener derecho a la imagen: las acciones consistentes en cortar la circulación de las carreteras donde se desarrollan vueltas ciclistas importantes o los grupos pacifistas que se encadenan ante la sede de alguna embajada para mostrar su protesta son muestras de ello.
Desde este ángulo, es interesante destacar hasta qué punto los medios de comunicación han llegado a profanar la definición científica de movimiento social, en el sentido de que, sin los mass media, su razón de ser no existiría. Pensemos, como hipótesis –y dejando de lado las innegables colisiones de derechos individuales que el supuesto supondría–, en las consecuencias que tendría un silencio pactado de los medios respecto a los atentados de grupos terroristas. Estamos seguros de que implicaría, como mínimo, un replanteamiento de la estrategia terrorista y, a lo mejor –y esto es mucho aventurar– terminaría con ella. No se trata de una hipótesis frívola, pues si se llegase a alcanzar la no-información a la opinión pública de estos atentados, es decir, si se privara a los terroristas de la dimensión mediática de sus actos, su actuación y la de cualquier estructura social reivindicativa, perdería precisamente este carácter. Reivindicar es comunicar. No existe reivindicación social sin poner en conocimiento del destinatario los mensajes reivindicativos. Y esta puesta en conocimiento casi siempre es imposible sin la intermediación de los medios de comunicación social.
Pero tampoco conviene ignorar que el interés de los medios no garantiza que la postura del movimiento social llegue al público. En unas ocasiones, la prensa se preocupa exclusivamente de la acción concreta que realiza el grupo en lugar de las razones que la motivan. En otras, los medios pueden hacerse eco de las demandas del movimiento, pero presentarlas de manera desfavorable. Lipsky (1970) ya era consciente de estos riesgos cuando afirmó que la protesta era la única alternativa que tenían los grupos con menor poder social, pero que estos grupos dependían de los medios de comunicación para que sus planteamientos fuesen acogidos positivamente por el resto de la sociedad.
Los medios de comunicación se ocupan de los movimientos sociales antes de que hayan tenido tiempo de ofrecer una imagen oficial. El ejemplo tipo es el expuesto por Bourdieu (1997): la huelga de estudiantes franceses de enseñanza media de noviembre y diciembre de 1986, que resume la situación perversa, pero no deseada al principio, que se infirió de la urgencia de cobertura informativa del acontecimiento. Estando presentes aún los hechos de mayo de 1968, y anhelando que un nuevo evento comparable no les pasara por alto, los periodistas acabaron por producir efectos de realidad y efectos en la realidad; efectos que no eran deseados por nadie.

"En este caso se las tenían que ver con unos adolescentes, no demasiado politizados, que no sabían muy bien qué decir, así que buscaron portavoces (sin duda los hallaban entre los más politizados), los tomaron en serio y ellos se tomaron en serio a sí mismos. De este modo, la televisión, que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en instrumento que crea una realidad".

Bourdieu, 1997, pág. 28

Las manifestaciones estudiantiles convocadas en nuestro país para protestar contra la adaptación de la enseñanza universitaria al Espacio Europeo de Educación Superior son un ejemplo de lo que expuso en su día Bourdieu.
Las manifestaciones estudiantiles convocadas en nuestro país para protestar contra la adaptación de la enseñanza universitaria al Espacio Europeo de Educación Superior son un ejemplo de lo que expuso en su día Bourdieu.
Lo expuesto apunta directamente a la concepción de los movimientos sociales. En la mayoría de las ocasiones, suelen retener el lado más visible de las cosas y hay que admitir que los esfuerzos de los analistas para retornar a la noción de movimiento social su dimensión original son relativos ante la realidad mediática que, por simple comodidad lingüística o facilidad intelectual, ve un movimiento social en cualquier lugar donde se produce un agrupamiento compulsivo.
A partir de aquí, a la hora de definir los movimientos sociales tenemos dos salidas: la primera, aceptar la definición impuesta por los medios de comunicación social que remite a cualquier acción colectiva, sea cual sea su objetivo, mientras tenga una dimensión reivindicativa y atraiga a los medios, y, la segunda, conservar la noción ofreciendo una definición precisa que englobe tipos de acción claramente identificables sin ningún miedo a malas interpretaciones derivadas de criterios imprecisos.
Nos inclinaremos por la segunda dirección: considerar al movimiento social como una protesta colectiva entre otras (como una revolución, una revuelta o una guerrilla), caracterizado por la presencia del elemento estructurante mass media en el proceso de reivindicación y de las relaciones con la prensa como la principal forma de acción utilizada. Esto es, como una dinámica que nace a partir de la atención interesada por los medios de comunicación social que los convierte en fuente cualificada de información.
De este fenómeno se infiere que la política de comunicación de los movimientos sociales y grupos activistas está inspirada por las pautas de comportamiento propias de las relaciones públicas y del lobbismo indirecto. Para los movimientos sociales esto significa que uno de sus fines existenciales es ser capaces de generar una imagen mental de sus actividades que se corresponda lo más fielmente posible a las tesis e intereses que defienden y a las reivindicaciones que propugnan.
En la teoría de las relaciones públicas, los movimientos sociales han de observarse como estructuras sociales que actúan sistemáticamente utilizando las técnicas de las relaciones públicas, sin las cuales sus reivindicaciones no existirían en la agenda de los medios de comunicación o, lo que es lo mismo, sencillamente no existirían.
Suele ser habitual que algunas acciones sociales cuajen en movimientos, y que éstos movimientos sociales se conviertan en grupos de influencia, según van regularizando la adscripción de sus miembros, obteniendo fuentes de financiación y definiendo su equipo directivo y su estrategia (Rubio, 2003). En estos casos, nos encontramos ante una secuencia evolutiva en la que el escalón superior abarca siempre los escalones inferiores, por lo que, frecuentemente, todo grupo de influencia necesita una base social que lo sustente y ésta siempre suele iniciarse en acciones sociales.
1.2.2.Intergrupos parlamentarios
Un intergrupo parlamentario es una unión informal de miembros de un mismo parlamento, o de parlamentos de distintas naciones, constituida para la defensa de unos intereses concretos.
Los miembros de una cámara legislativa que comparten un interés común participan en esta figura. Los intergrupos parlamentarios pueden ser objetivo de acciones de lobbismo, pero también se les considera como grupos de influencia que promueven los intereses que representan. Por otro lado, establecen relaciones con grupos de influencia externos, aunque no están institucionalizadas, a diferencia de las que mantienen las comisiones parlamentarias con esos mismos grupos.
Los intergrupos parlamentarios contribuyen a la formación de coaliciones en el seno del Parlamento y a la creación de alianzas potenciales sobre determinados temas de índole variada, como ocurre, por ejemplo, con el intergrupo parlamentario español para Palestina.
Hemos definido un grupo de influencia como grupo distinto de los partidos políticos. Veremos, más adelante, al estudiar el elemento influencia, que los puentes entre grupos de influencia y partidos políticos son cada día más sólidos. La figura de los grupos interparlamentarios es una muestra de ello.
Esta tradición tiene sus orígenes en el parlamentarismo anglosajón y concretamente en Estados Unidos a través de la figura de los caucuses. En Europa se ha desarrollado en determinados parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo.
Estados Unidos: los caucuses
Como afirma Rubio (2003), a quien seguimos en este epígrafe, en Estados Unidos existen una serie de figuras afines a los grupos de influencia, como los caucuses. El concepto de caucus tiene dos acepciones, como proceso y como grupo organizado. En el primer sentido, significa uno de los procedimientos que permiten designar a un candidato a la elección presidencial.
Como organización, un caucus es un grupo informal de congresistas y senadores en defensa de unos intereses concretos.
Sus orígenes se remontan a 1959, año en el que se creó el primer grupo de esta naturaleza, el Democratic Study Group. A partir de esa fecha se fueron creando sucesivos caucuses, algunos de los cuales han ido desapareciendo (se cuentan 89 de éstos). Al inicio de la 109.a legislatura (2005-2007) existían 209 caucuses activos en el Congreso.
Se trata, pues, de un fenómeno muy variable, que aparece y desaparece con gran facilidad. Ésta es la razón de su existencia: su capacidad de adaptación a las necesidades de la sociedad, o de los grupos, su flexibilidad, que les permite trabajar con mucha más celeridad que las instituciones del Congreso. Es decir, las causas principales de su aparición estriban en el incremento de las demandas de la ciudadanía a sus representantes y al Congreso como tal, y la incapacidad de éste para responder a ellas. Por ello conviene insistir en su condición de informales.

"Los caucuses se crean y operan fuera de la estructura institucional del Congreso, sin ningún tipo de reconocimiento en los reglamentos de las Cámaras, y por esto mismo no pueden presentar, como tales, propuestas de ley. Aun así, los caucuses están profundamente insertados en el sistema legislativo de Washington. Aunque no forman parte del sistema del Congreso, los caucuses tienen su propia organización, tienen su presidente y sus vicepresidentes, su propio equipo y sus fuentes de financiación; son organizaciones, en el sentido pleno de la palabra, con un número de miembros determinado y una actividad continua, que no termina con las sesiones del Congreso".

Rubio, 2003, pág. 167-168

El único requisito para iniciar su actividad es anunciarlo en el Congreso y enviar a todos sus miembros una nota informativa anunciando su creación y sus metas, e invitando a todos a unirse al grupo.
Los caucuses pueden estar formados por miembros de las dos cámaras, por representantes de distintos estados, por miembros de los dos partidos. Así, pueden dividirse según sus intereses en los tipos siguientes:
  • Caucuses del partido. Agrupan a miembros de un único partido, uniendo dentro del Congreso a representantes que compartan ideales similares, como por ejemplo, la rama liberal dentro del partido demócrata (unida en el Democratic Study Group), o la rama moderada del partido republicano (unida en el Republican Wednesday Group). Dentro de esta categoría se incluyen otros caucuses que agrupan a los recién elegidos de cada partidos (por ejemplo, el Republican Freshman Class of the 104th Congress, o el Democratic Class of 1992).

  • Caucuses personales. Agrupan a aquellos representantes con un interés concreto en una materia determinada, como por ejemplo, el medio ambiente, la familia, los derechos humanos o la carrera armamentística.

  • Caucuses sectoriales (national constituencies). Se encargan de los derechos de las minorías más representativas, como los afroamericanos, los hispanos, las mujeres o los veteranos de la guerra de Vietnam.

  • Caucuses regionales. Reúnen a los representantes de un grupo de estados federados, como los del oeste.

  • Caucuses del estado o del distrito. Se centran en cuestiones como la defensa de una política determinada con una nación concreta, como el The Saudi Arabia Study Group o el Congressional Ukrainian Caucus; o de un área concreta, como el Congressional Rural Caucus.

  • Caucuses industriales. Constituyen la unión de la defensa de los intereses del mundo empresarial. Se organizan por sectores, como el automóvil, el acero o el textil.

Sus actividades, análogas a las de los grupos de influencia, pasan por la obtención, análisis e intercambio de información, así como su presentación en las comisiones parlamentarias respectivas; la influencia sobre la agenda parlamentaria y política, intentando introducir o suprimir propuestas legislativas o medidas determinadas, o el desarrollo de nuevas propuestas de ley o de enmiendas a las existentes.
Los caucuses, como el resto de grupos interparlamentarios, no son más que la transposición del planteamiento de los grupos de influencia a su propia cuna, el Parlamento, con el fin de lograr más fuerza en puntos determinados, es decir, una base para trabajar juntos en la persecución de determinados intereses. En este sentido, Rubio (2003) considera que hay que ir a buscar el origen de los caucuses en las relaciones de los distintos grupos de influencia con el legislador, ya que si los grupos buscan el apoyo de los parlamentarios para sacar adelante su causa en el Capitolio, qué mejor que tener todo un caucus que reúne a varios líderes de distintos partidos y comisiones a su favor.
Europa
En el Parlamento Europeo, caracterizado por una diversidad nacional y política de sus miembros que facilita y fomenta la negociación y el diálogo, los intergrupos parlamentarios se encuentran especialmente activos. Están formados por parlamentarios de distintas nacionalidades e ideologías políticas en defensa de los intereses más variados.
Ningún país de la Unión Europea dispone de regulación para los intergrupos parlamentarios. Francia, por ejemplo, prohíbe a los miembros de la Asamblea Nacional la constitución en su seno de grupos de intereses particulares. De ahí la naturaleza informal consustancial a estos grupos.
A pesar de esta falta de regulación, algunos parlamentos fomentan su constitución. Es el caso de Grecia, donde existen 30 "grupos parlamentarios de amistad" creados para promover la amistad entre los miembros del Parlamento griego y de las asambleas parlamentarias extranjeras. No están regulados, por lo que su instauración y funcionamiento se rige por normas consuetudinarias. Al final de la constitución de la cámara, después del período electoral, se informa a los diputados de la existencia de dichos grupos y se les invita a manifestar sus preferencias. Un diputado griego puede pertenecer simultáneamente a varios intergrupos. Cada "grupo parlamentario de amistad" elige su propio presidente y elabora su propio reglamento.
La situación en algunos países nórdicos también es singular, aunque también alegal. Así, en Finlandia, su parlamento acoge a intergrupos parlamentarios que abarcan la práctica totalidad de los aspectos de la vida social. Pueden obtener créditos y/o recursos administrativos institucionales.
En Suecia existen, desde hace años, intergrupos parlamentarios tales como grupos religiosos o movimientos de prevención del alcoholismo. Más recientemente se han creado grupos de defensa de los derechos humanos, para la protección de la infancia, o en defensa de la caza, el deporte, el arte o... ¡el bridge! Ante la falta de regulación, cada grupo fija sus procedimientos.
1.2.3.Political action committees (PAC)
El sistema electoral norteamericano permite un método de financiación privada de los candidatos, tanto en las elecciones legislativas como en las presidenciales, que tiñen de sospecha la acción de determinados grupos de influencia y empresas. La busca de financiación privada –que, para ciertos observadores, es el precio por la prestación de unos servicios, futuros o pasados, de protección o defensa de demandas privadas– forma parte de las actividades de los lobbistas americanos, como una función más de su intermediación entre los intereses particulares y los representantes políticos. Esta "captación de fondos", conocida como fundraising, se articula a través de las más variadas acciones, cuya máxima expresión son los political action committees (PAC) o "comités de acción política".
Un PAC es todo "comité, asociación u organización que acepta contribuciones o invierte dinero para influir en o intentarlo la nominación o la elección de una o varias personas a una función pública electiva federal o de un Estado".
Sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, de 18 de marzo de 1985
Estos comités colectan dinero de sus miembros o de empleados o accionistas de empresas. Antes del crowdfunding y otros modos de financiación por Internet, estos grupos eran imprescindibles para que un candidato lograra su elección. En Estados Unidos existen más de 5.000 PAC y sus contribuciones rondan el 35% de los gastos de la campaña electoral.
Las características de las aportaciones de los PAC son las siguientes:
  • Habida cuenta de la personalización de las campañas electorales, los beneficiarios son los candidatos de los partidos políticos y no tanto los propios partidos.

  • Estas donaciones no se rigen necesariamente por criterios ideológicos.

  • Los candidatos que se presentan a la reelección reciben más dinero que los que lo hacen por primera vez, por lo que estas donaciones constituyen una especie de recompensa por los servicios prestados, aunque en definitiva lo que premian son las posibilidades de resultar elegido.

  • Los candidatos con un alto cargo (presidente de una comisión parlamentaria, por ejemplo) son los principales beneficiarios de los PAC.

Los partidos políticos y candidatos norteamericanos necesitan el dinero de los PAC, y viceversa. En efecto, como todo grupo de influencia, necesitan estar al corriente de los candidatos a los que pretenden apoyar, de los trabajos parlamentarios, así como mantener relaciones permanentes con los dirigentes políticos. Sin embargo, los PAC no constituyen la principal fuente de financiación política: los representantes de los grupos de influencia organizan y participan continuamente en acciones de captación de fondos (fundraising) con la única finalidad de obtener posteriormente un acceso privilegiado a los miembros del Congreso. Esta recogida de dinero se manifiesta a través de un amplio abanico de técnicas de las relaciones públicas: encuentros de carácter social (desayunos de trabajo, cenas, conciertos, etc.) que el político honra con su presencia, visitas de empresas, honorarios por la realización de discursos o conferencias, etc. Muchos congresistas han solicitado los servicios de lobbistas para la organización de tales campañas de captación de fondos. La mayor parte de los lobbistas de Washington considera que semejante experiencia es una etapa necesaria en su carrera. Existen agencias especializadas en la organización de estos eventos en colaboración con los PAC. Estas acciones son muy útiles para relacionarse con los futuros decisores públicos.

1.3.Denominación

La teoría política ha estudiado el fenómeno que nos ocupa bajo la denominación mayoritaria de "grupos de presión". En la política anglosajona es corriente encontrar la expresión pressure groups para referirse a estas organizaciones. En cambio, los politólogos franceses prefieren hablar de "grupos de interés" (groupes d'intérêt).
Cada autor tiene sus motivos. Quienes rechazan el término interés suelen argumentar que es redundante, pues todo grupo que se une lo hace por un interés. Otros argumentan que interés equivale a provecho, utilidad y ganancia, es decir, mero interés lucrativo, lo cual dejaría fuera a grupos de intereses ideológicos o sociales. En contraste, aquellos que lo prefieren a presión explican que este término significa una fuerza o coacción que se lleva a cabo sobre una persona o colectividad.
La realidad es que la denominación "grupos de presión" está cada vez más en desuso y que se está imponiendo la de "grupo de interés". Sin embargo, conviene matizar la diferencia entre los grupos de interés y los grupos de influencia.
Los grupos de interés son agrupaciones formadas en torno a intereses particulares coincidentes que tienen como finalidad sustancial la asociación para la defensa de esos intereses; cuando estos grupos influyen en los poderes públicos, en los partidos, en la opinión pública o en sus propios miembros en defensa de sus intereses particulares, se convierten en grupos de influencia. De aquí que todos los grupos de influencia son grupos de interés, pero no todos los grupos de interés son grupos de influencia.

2.Elementos y tipología

2.1.Elementos

Tres son los elementos estructurales de todo grupo de influencia:
  • que esté organizado,

  • la existencia de uno o más intereses por defender,

  • y el ejercicio de una influencia sobre los poderes públicos.

2.1.1.El grupo como entidad organizada
El primer elemento de la definición de grupo de influencia es la noción de grupo organizado. Para poder hablar de grupo de influencia, se requiere la existencia de una mínima organización. Dicho de otra manera, una manifestación no encaja en esta categoría aunque reúna una serie de individuos y tenga por finalidad influir en un proceso político determinado. Se trata de herramientas de influencia, de un medio de acción entre otros muchos implantado por el grupo de influencia.
Las manifestaciones, o las huelgas, son efímeras. Si la manifestación es espontánea, desaparece con la dispersión de los individuos que participaron en ella. Si ha sido organizada por un grupo o un comité, es a estas entidades a las que les corresponde la categoría de grupo de influencia.
Igualmente podemos dudar de la calificación como grupo de influencia de aquellos grupos que reúnen periódicamente a individuos sin que permanezcan en contacto permanente y sin que estos encuentros tengan el objetivo de elaborar una estrategia común. Por ejemplo, esto sucede con los encuentros regulares (habitualmente comidas) entre responsables políticos y económicos de opiniones diferentes, en los cuales discuten entre ellos de cuestiones de actualidad.
Tampoco podemos considerar que todo grupo de influencia está jurídicamente constituido y adopta la figura de algunas de las instituciones del derecho, como la asociación o la fundación. Un grupo de personas que se reúne regularmente con el fin de diseñar una estrategia de influencia en defensa del interés que las une es un grupo de influencia. Así pues, la dificultad, en este caso, no está en calificarlos, sino en conocerlos.
En cuanto a las organizaciones jurídicamente formalizadas, institucionalizadas, presentan un primer rasgo necesario, pero que no las prejuzga como grupo de influencia. Y es que, además, para poder hablar de grupo de influencia, es necesario que la organización en cuestión no sea neutra o indiferente respecto a los objetivos de su actividad de influencia. Debe estar comprometida con su causa. Así, quedan excluidos de los grupos de influencia, por ejemplo, las consultoras de relaciones públicas y los gabinetes o bufetes de profesionales del lobbismo, los lobbies. Se trata de grupos, claro está, pues reúnen un mínimo de personas y están organizados para la realización de una determinada actividad. Pero no son más que firmas comerciales, intermediarios, interlocutores, representantes de los grupos de influencia.
En tanto que estructura organizada que defiende un interés común, la unión de sus miembros es inherente al concepto de grupo de influencia. Entre éstos encontramos las más variadas uniones de personas, asociaciones o empresas, cada una de ellas con diferentes configuraciones jurídicas: ONG, empresas, grandes corporaciones, asociaciones de distinto tipo, fundaciones, etc. Como observa Rubio (2003), estos grupos suelen estar formados por particulares, pero en los últimos años se ha desarrollado una nueva forma de unión, la de organizaciones, tanto de manera estable como para llevar a cabo campañas de lobbismo. Estas coaliciones surgen por diferentes motivos (por la necesidad de alcanzar un potencial personal y económico suficientemente representativo o por la confluencia de objetivos de organizaciones con intereses distintos en una materia determinada y la necesidad de coordinar sus esfuerzos de influencia) y suelen ser de carácter temporal, hasta alcanzar unos objetivos determinados.
2.1.2.El interés
El concepto de interés se sitúa en el corazón mismo de los grupos de influencia. Es el elemento constitutivo del conjunto, del grupo, pues sin interés o intereses que defender no tendría sentido la influencia.
El interés es una disposición relativamente estable a reaccionar en función de un objeto inmediato, percibido como adaptado o no a nuestras necesidades o a nuestras aspiraciones y que se presenta bajo la forma de impresiones duraderas y conductas coherentes.
En consecuencia, un interés es una orientación cognitiva o afectiva, ligada a motivos, deseos o intenciones. Es, por tanto, una disposición.
Se trata de una disposición a adoptar una postura comúnmente identificable bajo la forma de un comportamiento observable e imputable a una realidad exterior: a reaccionar en función de un objeto inmediato. La afirmación de un interés es posible gracias a la existencia de mecanismos de acción gestionados por la sociedad con esta finalidad (elecciones, peticiones, huelgas, etc.) o emprendidos por grupos activistas que recurren a "medios disfuncionales" (Dion, 1971, pág. 89) como las rebeliones, el terrorismo o las revoluciones. Si la afirmación de un interés implica necesariamente una conducta, ésta, por su parte, nos remite a datos objetivos relativos a la propiedad, a los ingresos, a la profesión, a la vida, al honor, a una idea; esto es, a un bien que queremos preservar, adquirir o que nos parece amenazado. Este bien ha de ser percibido como un objeto inmediato, de manera que la voluntad de acción sea actual y explícita.
Este objeto es percibido conforme o no conforme con las aspiraciones o las necesidades de la aspiración, lo cual genera la busca de un beneficio personal o, al menos, el rechazo de sufrir un perjuicio. El interés es un sentimiento activo de lo que es bueno o malo para uno mismo, de lo que conviene o no. Un interés puede estar más o menos despierto, según las circunstancias, pero no existen intereses latentes del mismo modo que existen necesidades latentes, es decir, que existen sin ser sentidas como tales necesidades. La latencia se observa únicamente en el conflicto, no en el interés.
El interés exige una situación objetivamente definida y dotada de una cierta permanencia. Ha de corresponder a estructuras mentales estables, por lo que los comportamientos que lo manifiestan tienen una cierta lógica y continuidad. Los comportamientos aislados o ilógicos no pueden considerarse como reveladores de la presencia de un interés.
En suma, el interés forma parte de la estructura social, como los valores. Pero a diferencia del pensamiento marxista clásico, que veía en los valores de la clase dominante la máscara de sus intereses particulares, no son lo mismo. Quien persigue valores no se sitúa respecto al sistema social de la misma manera que lo hace quien persigue sus intereses. El primero tiende a lograr la realización de un objetivo conforme a un estándar de excelencia, mientras que el segundo se preocupa sobre todo de que el proceso de realización de los objetivos sea beneficioso para determinadas personas, excluyendo a otras si es necesario. Aparece así la vertiente conflictiva consustancial con el concepto de interés, como lo es también con el de relaciones públicas.
La defensa de los intereses por parte de los grupos de influencia exige dos fases: primero, poner de acuerdo a personas que tienen un interés común (agregación de intereses) y, segundo, decidir y realizar actividades para llevar a cabo ese fin (articulación de intereses).
En esta conjunción de actividades encontramos la función principal de los grupos de influencia: la defensa de sus intereses a través de la influencia, directa o indirecta, sobre los poderes públicos.
2.1.3.La influencia
Finalmente, el elemento teleológico que identifica a los grupos de influencia es, precisamente, valga la redundancia, la influencia. La actividad de estos grupos es influir sobre los poderes públicos para defender sus intereses. Para ello recurren a un abanico de acciones que van desde las huelgas a las manifestaciones, y desde la consultoría organizada al lobbismo.
Influir significa promover, defender, modificar, oponerse o retrasar a través de cualquier medio, incluida la aportación o utilización de informaciones, estadísticas o análisis.
La influencia es el elemento que suele utilizarse para diferenciar a los grupos de interés de los partidos políticos, cuyo principal objetivo es ejercer el poder o participar en él. Mientras que los partidos políticos eligen candidatos para las elecciones, los grupos de influencia persiguen otras estrategias con el fin de representar y hacer prevaler sus intereses.
Esta distinción nos llevaría también a diferenciar los grupos de influencia de las administraciones públicas. Así, los grupos de influencia deberían ser no gubernamentales, es decir, actores privados. Sin embargo, esta diferenciación plantea problemas, en la medida en que se refieren a la teoría de la división de poderes más que a una aproximación sociológica al fenómeno.
La perspectiva sociológica va más allá. En primer lugar, un grupo de interés puede intentar organizarse no sólo para influir en el poder, sino para participar en su conquista y su ejercicio. Este grupo puede convertirse en un partido para acceder a la arena político-electoral, como ocurre con el movimiento ecologista o con determinados partidos, cuyos elementos estructurales se asemejan más a un grupo (por ejemplo: PACMA, Partido Animalista Contra el Maltrato Animal). Por otro lado, la creación de los partidos socialistas y de los trabajadores fue la expresión política de los intereses de la clase obrera y de los sindicatos. En los últimos años, en Francia, el grupo de los cazadores se convirtió en un partido político que actualmente busca sus miembros en las asociaciones regionales y locales.
En segundo lugar, la distinción entre administración y grupo de influencia plantea problemas similares. Las huelgas de funcionarios no son más que un ejemplo en el que podemos reconocer repertorios de acción de los grupos de interés. A escala europea, ocurre lo mismo con las acciones de ciertas direcciones generales de la Comisión Europea para influenciarse mutuamente. Igualmente, cuando analicemos el lobbismo en los próximos módulos, observaremos cómo las administraciones públicas y sus entes pueden actuar, y de hecho actúan activamente, como grupos de influencia en defensa de intereses determinados, a menudo nacionales.
Así, para comprender no sólo lo que los grupos de influencia hacen o están formalmente autorizados a hacer, sino también qué comportamiento esperan aquéllos a quienes representan y aquellos actores externos a su organización, hemos de recurrir a la noción de rol. Courty (2006) diferencia la posición del rol, de los actores colectivos. La posición de un grupo de influencia, entendida como el rango que ocupa en el seno de un sistema, puede ser estudiada en relación con los recursos y servidumbres que pesan sobre él. El rol del grupo, por su parte, se limita a una serie de comportamientos que no están únicamente vinculados a la posición que tiene, sino a lo que hace que esta posición sea visible, la consolide y la haga comprensible a los demás.
En una lógica similar anterior, Jordan y Richardson (1987) proponen incluir en la definición de grupos de interés a las empresas y a los servicios del Estado. Es el rol que desempeñan en el proceso político en determinados momentos y la gama de acciones que ponen en práctica lo que legitima su caracterización como grupos de interés. Así, por ejemplo, empresas como Endesa o Telefónica participan por su actividad económica en la elaboración de regulaciones o en la organización del mercado de trabajo, e intervienen puntualmente en la arena política.
Sin embargo, a pesar de lo sostenido por Courty, la posición también es un elemento notable a la hora de definir los grupos de influencia. Hemos hablado de grandes compañías, como las eléctricas o las de telefonía. Nadie duda de que se traten de verdaderos grupos de influencia. Lo mismo ocurre con algunas compañías aéreas. Sin embargo, no es igual el poder de influencia que pueda tener Iberia ante el Gobierno español, que el de Ryanair (compañía de bajo coste, de tamaño muy inferior a Iberia) ante la Diputación Provincial de Gerona, poder público del que depende mayoritariamente su regulación y administración competente del desarrollo turístico de la provincia de Gerona, sobre el cual ha tenido una extraordinario impacto el establecimiento de esta compañía aérea en el aeropuerto gerundense. La influencia de Ryanair es, a ciencia cierta, proporcionalmente superior a la de Iberia, pues su función como agente económico es esencial para las comarcas gerundenses.
Si nos atenemos a la característica de la función de los grupos de influencia, es decir, al hecho de ejercer influencia sobre quienes detentan el poder burocrático-político accediendo a la posición de actor pertinente reconocido, la idea de grupo de influencia va más allá del elemento organizativo y del interés. El abanico se abre e incorpora a aquellas instituciones privadas y públicas que, por la situación que ocupan y el rol que desempeñan, influyen realmente en el proceso de toma de decisiones públicas y políticas. Así, un grupo de influencia, en el sentido más amplio, es una entidad que pretende representar los intereses de una porción específica de la sociedad influyendo en el espacio público.
No obstante, y a pesar de haber sugerido que no existe una impermeabilidad absoluta entre los grupos de interés y los partidos políticos, éstos, precisamente por su función en el sistema político, no pueden confundirse con los grupos de influencia.
Aunque conformará el contenido del módulo 4 dedicado a la dinámica del lobbismo, queremos avanzar aquellos factores clave de los que depende la probabilidad de influir en una propuesta de decisión pública. Son los siguientes:
  • La fase del proceso de toma de decisiones: cuanto antes se intervenga, más posibilidades tiene la intervención de ser influyente.

  • Las características de la propuesta: cuanto más técnica sea, más necesaria será la intervención.

  • La capacidad de intervención y de acción de los profesionales del lobbismo: cuanto más apropiada sea la acción de influencia, más posibilidades tiene de tener éxito.

  • La importancia de los contactos y de la agenda: cuanto más extensa es la red de relaciones, más probabilidades hay de que la influencia sea decisiva.

  • La actitud de la opinión pública: cuanto más amplio es el apoyo, más eficaz será la influencia.

  • El grado de adhesión de los políticos y funcionarios implicados: cuanto más próxima esté la influencia de la ideología común, más posibilidades tendrá de ser eficaz.

  • La actitud de los grupos de influencia competidores o contrarios: cuanto menos implicados estén, más posibilidades hay de que la acción de influencia sea concluyente.

  • La actitud de los grupos de influencia que nos apoyan: cuanto más comprometidos estén, más eficaz será la acción.

  • La implantación de estrategias de alianzas: cuanto más numerosas sean las alianzas, más posibilidades tendrá la acción iniciada de ser decisiva.

2.2.Tipología

Prácticamente la totalidad de los estudiosos de los grupos de interés han aportado su clasificación, cuando no han recurrido a las más célebres establecidas por eminentes colegas. Para no hacer interminable el catálogo de grupos posibles, nos centraremos en la categorización en función del estatuto de los grupos de influencia, la más pertinente desde la perspectiva de las relaciones públicas, en general, y del lobbismo, en particular.
En esta línea, podemos dividir los grupos de influencia en tres categorías, siguiendo las investigaciones llevadas a cabo por Walker (1991), Grant (1995) y McNair (1995): los grupos con un estatuto interno (respecto al aparato gubernamental), los grupos con un estatuto externo (respecto al aparato gubernamental) y los grupos con un estatuto ambiguo. Estas tipologías no son excluyentes entre sí, pues hay algunos grupos de influencia que podríamos clasificar como mixtos. En la mayoría de los casos, los medios de influencia que utilizan son comunes a todos ellos, por lo que varias de las estrategias atribuidas a cada una de las categorías sugeridas no son exclusivas de cada una.
2.2.1.Grupos de estatuto interno
El objetivo de estos grupos es acercarse lo más posible a los centros de decisión pública para ejercer así la máxima influencia sobre la orientación de una política. Los grupos de influencia con un estatuto interno son consultados de manera regular por la Administración pública y por los funcionarios responsables de la elaboración o revisión de las políticas públicas.
Estos grupos pueden ayudar considerablemente al Gobierno, puesto que disponen de información privilegiada, de datos estadísticos y de estudios cualitativos sobre una actividad específica. Al permitirles un acceso directo al proceso de toma de decisiones y ofrecerles la posibilidad de contribuir a la elaboración de una política pública, el estatuto es el más ansiado por los grupos de influencia (salvo por aquellos que quieren influir pero que rechazan la legitimidad del poder vigente).
Son ejemplos de esta categoría en España, La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la Federación Nacional de Asociaciones de Transporte de España (FENADISMER), la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) o la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE); así como las asociaciones declaradas de utilidad pública, muy numerosas en algunos ámbitos, como Intermón Oxfam o Médicos sin Fronteras.
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) es un grupo de influencia de estatuto interno. Es consultada por los poderes públicos españoles en temas como la propiedad intelectual.
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) es un grupo de influencia de estatuto interno. Es consultada por los poderes públicos españoles en temas como la propiedad intelectual.
Por consiguiente, una de las condiciones para poder ubicar a un grupo en esta categoría es su reconocimiento gubernamental. Para alcanzarlo, deben someterse a un proceso que los obliga primero a ser invitados por el Gobierno a participar en el proceso legislativo a través de comisiones parlamentarias o encuentros formales. Los poderes públicos deben reconocer oficialmente a estos grupos como una fuente indispensable de información para la elaboración de una política pública. Con este fin, "los grupos deben demostrar un cierto grado de politización, es decir, la capacidad de hablar el lenguaje político" (Grant, 1995, pág. 21).
La industria del tabaco, por ejemplo, antes de sus contenciosos legales a mediados de la década de 1990, suministraba al Gobierno un tipo de información que ningún otro grupo podía ofrecerle. La capacidad de desplegar recursos financieros y de llevar a cabo investigaciones sobre el tabaquismo o el contrabando, entre otros temas, dotaba al sector de un estatuto interno privilegiado.
Los grupos de influencia con un estatuto interno se subdividen en tres subgrupos, según su estatuto esté alejado, cercano o cautivo.
Los grupos de estatuto interno alejado se caracterizan por tener una influencia variable, un posicionamiento periférico respecto al proceso de toma de decisiones, ser consultados en función de un contexto dado y esporádicamente, así como por una participación mínima en la elaboración o modificación de políticas públicas.
Los grupos de estatuto interno cercano se caracterizan por tener una influencia sostenida, un posicionamiento en el centro del proceso de toma de decisiones, ser consultados frecuentemente y por participar en temas de gran importancia.
Los grupos de estatuto interno cautivo se caracterizan por una influencia permanente, una estrecha colaboración con el proceso de toma de decisiones y por tener representantes en organismos paragubernamentales.
2.2.2.Grupos de estatuto externo
El objetivo de estos grupos es influir en la opinión pública a través de los medios de comunicación con el fin de influir, a su vez, sobre los poderes públicos. Este habitual recurso a los medios de comunicación es una de las principales razones por las que estos grupos contratan a profesionales de las relaciones públicas para gestionar sus relaciones con la prensa.
Este vínculo con las relaciones públicas, sin embargo, va más allá de las estrategias de prensa y abarca todos los aspectos de la disciplina. En efecto, como el apoyo de la opinión pública les es indispensable, estos grupos desarrollan distintas estrategias de sensibilización del público.
Los grupos de influencia con un estatuto externo se subdividen en tres subgrupos, según su estatuto sea ideológico, obligatorio o potencial.
Los grupos de estatuto externo ideológico se caracterizan por tener una influencia mínima, ser raramente consultados y tener una gran proyección mediática a través de acciones de alto contenido visual. Los grupos de defensa de los animales son un ejemplo de grupos con un estatuto externo ideológico.
Los grupos de estatuto externo obligatorio se caracterizan por tener una influencia sobre temas concretos, carecer de cultura política y por participar en ocasiones en temas de gran importancia pero no de manera recurrente.
Los grupos de estatuto externo potencial se caracterizan por sus similitudes con los grupos de estatuto interno, por tener cultura política y, a veces, por participar en temas de gran importancia con regularidad.
2.2.3.Grupos de estatuto ambiguo
Su objetivo es utilizar la ambivalencia de su estatuto –a veces interno, a veces externo– para poner en práctica, cuando conviene, las estrategias de relaciones públicas que les permitan hacer avanzar la defensa de sus intereses.
Los sindicatos son el grupo más representativo de esta categoría. Conocen los mecanismos de los diferentes niveles de gobierno y de la alta función pública. Además, dominan a la perfección el lenguaje tecnocrático y son consultados regularmente por los poderes públicos en distintos expedientes, lo que les confiere un estatuto de interno. Sin embargo, como asociación libre que son de personas privadas, también emplean estrategias de los grupos de influencia de estatuto externo, puesto que los intereses de los afiliados priman sobre los del Gobierno o los partidos políticos. Por tanto, manifestaciones, huelgas y otras acciones con gran despliegue mediático se utilizan a menudo en momentos de conflictividad.
2.2.4.Obtención del estatuto
La elección de un estatuto por un grupo de influencia depende en gran medida del rol que le otorguen los poderes públicos. También puede depender de la pertinencia de sus posiciones, de la eficacia de su política de relaciones públicas a la hora de evidenciarlas, del rigor de los expedientes que elaboran, de su conocimiento de los temas, así como de su facilidad de expresarse en un lenguaje politizado.
Algunos autores, como Grant (1995), han demostrado que los grupos que pretenden un estatuto particular deben seguir estrategias apropiadas. Por consiguiente, un grupo deseoso de obtener un estatuto interno debe llevar a cabo actividades calificadas como internas por los poderes públicos.
Otros investigadores, como Walker (1991), sostienen que los recursos que poseen estos grupos representan el factor determinante en la obtención de un estatuto particular. Así, un grupo con acceso a muchos recursos (por ejemplo, recursos financieros de envergadura) dispone de un mayor margen de maniobra para encargar investigaciones, contratar un lobby o una consultora de relaciones públicas, o emplear a personal especializado en ambas profesiones; todos ellos, elementos clave para la obtención de un estatuto interno.
Por su parte, McNair (1995) considera que es la naturaleza de las demandas del sistema político vigente lo fundamental a la hora de establecer el estatuto de un grupo de influencia. Es decir, en cuestión de estatuto, los grupos no tienen elección. Una multitud de factores determinan la obtención de un estatuto. En primer lugar, el Gobierno debe estipular las necesidades que quiere cubrir y convocar a los grupos que pueden contribuir al proceso de consultas de una política pública o de un proyecto de ley. Así, un organismo con pocos recursos financieros –por tanto, incapaz de ofrecer investigaciones o pagar los servicios de consultoría– tendrá menos posibilidades de ser invitado a participar en estas consultas; por lo que se verá obligado a posicionarse como grupo de estatuto externo. En cambio, un grupo de notoriedad reconocida por la opinión pública difícilmente será excluido del proceso por los poderes públicos.
Es importante constatar que el estatuto no es definitivo. En ocasiones, algunos errores pueden hacer perder el estatuto de un grupo de influencia.

"Un grupo que no respeta las reglas puede encontrarse excluido del proceso de consulta. Los grupos tienen la obligación de establecer su reputación suministrando una información precisa, bien documentada y sin exageraciones, sobre la que los decidores puedan basarse con toda confianza [...] Según un estudio sobre el lobbismo en Bruselas, una asociación profesional que presentó justificaciones incorrectas [...] fue finalmente apartada del proceso de consulta".

Grant, 1995, pág. 22

La obtención de un estatuto es, pues, también cuestión de relaciones públicas. El caso de la industria tabaquera en el Reino Unido es un buen ejemplo de pérdida del estatuto por un grupo de influencia. En su lucha por impedir que el Gobierno de Tony Blair prohibiese las actividades de patrocinio y mecenazgo de las tabaqueras, el sector perdió su estatuto interno y vio cómo su credibilidad se menoscababa a causa de la desinformación y de estadísticas dudosas respecto a temas como la tasa de nicotina y la publicidad destinada a los jóvenes.
Exxon y la desinformación ambiental
La gran compañía estadounidense ExxonMobil, primera empresa del mundo por ingresos (263.760 millones de euros en 2006) y primera potencia petrolera en valor bursátil (405.000 millones), empleó las mismas tácticas de desinformación que la industria del tabaco respecto a la nicotina para neutralizar la tesis del cambio climático, con el fin de evitar o retrasar las políticas de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. En enero del 2007, la Union of Concerned Scientist (UCS) hizo público un informe donde afirma que entre 1998 y el 2005 Exxon invirtió 12,5 millones de euros en una red de cuarenta y tres organizaciones y expertos dedicados intervenir en el debate público para confundir a la opinión sobre la tesis del recalentamiento del planeta y la influencia de la emisión de gases.
En dicha presentación, el director de estrategia de la UCS afirmó: "ExxonMobil ha generado incertidumbre en torno a las causas humanas del calentamiento global de la misma manera que las compañías tabaqueras negaron que sus productos causaran cáncer de pulmón. Una inversión modesta pero eficaz ha permitido al gigante del petróleo poner en duda el calentamiento global para demorar la acción gubernamental, como la gran industria del tabaco hizo durante cuarenta años". El informe, titulado Smoke, mirrors & hot air (Humo, espejos y aire caliente), surgió en pleno cambio de rumbo de Exxon, que había revisado su política sobre el tema y en el 2006 ya había cortado el grifo de la financiación a los grupos más beligerantes.
Tal es el caso del Competitive Enterprise Institute (CEI), un influyente think tank con sede en Washington que recibió casi 1,5 millones de euros de ExxonMobil por su acción en los medios de opinión. El CEI llegó a difundir en el 2006 anuncios en televisión con escenas infantiles que relativizaban los riesgos de la emisión del dióxido de carbono. Kenneth Cohen, responsable de relaciones institucionales de ExxonMobil, confirmó a principios de enero del 2007 que "otras cinco o seis" organizaciones particularmente activas en el debate sobre el cambio climático habían dejado de recibir fondos de la compañía.
Según The Wall Street Journal, el cambio de clima en Exxon ha llevado al grupo a entablar conversaciones con una veintena de otras grandes corporaciones industriales con el fin de considerar posibles medidas reguladoras de la emisión de gases, en una inédita ronda patrocinada por la asociación Ressources for the Future, implicada en el debate y las políticas para hacer frente al cambio climático.
Esta serie de iniciativas se produjo a caballo del vuelco político derivado de las elecciones legislativas de finales del 2006 que propiciaron la mayoría demócrata en el Congreso de Estados Unidos, con el consiguiente temor de la industria petrolera a que el legislativo impulsase medidas reguladoras en sentido contrario al de la Administración Bush, que mantuvo una férrea obstrucción del protocolo de Kyoto.

2.3.La empresa privada como grupo de influencia: estrategias de actuación

De acuerdo con lo expuesto anteriormente, el concepto de grupo de influencia puede extenderse a las empresas privadas y, muy concretamente, a las grandes compañías que, a pesar de pertenecer a organizaciones empresariales de su sector de actividad, alguna de ellas, por sí solas, tienen un poder de influencia mayor que el de muchas administraciones. Eso es aún más cierto en el caso de aquellas corporaciones que gestionan servicios primarios como las eléctricas, las de telefonía, las de suministro de gas o, como acabamos de ver, las petroleras.
No obstante, esto no significa que las pequeñas y medianas empresas no puedan influir. Si bien es difícil que una acción de lobbismo prospere si está promovida por una mediana empresa, existen estrategias y tácticas que facilitan su éxito, independientemente de la creación de alianzas y coaliciones. Nos referiremos a estas estrategias y tácticas en el módulo 4, puesto que son propias del lobbismo.
Estas estrategias son las estrategias de colaboración en materia de lobbismo. Las necesidades de cooperación a la hora de iniciar un proyecto de este tipo son muy variables. Sin ir más lejos, a escala local o regional, el acceso de una pequeña y mediana empresa a los poderes públicos locales no suele ser, por regla general, complicado. A escala nacional, el número de empresas es mayor y sólo las grandes sociedades, como decíamos, tienen facilidad de acceso a los poderes públicos. A escala europea, el número de empresas es tal, que a los responsables de las reglamentaciones les es materialmente imposible mantener un contacto con cada una de ellas. Esto significa que las empresas deben cooperar si quieren comunicarse y relacionarse con los poderes públicos –nacionales, comunitarios o internacionales– con el fin de influir en la toma de decisiones.
En materia de lobbismo, el grado de cooperación nos lleva a las siguientes categorías de empresas en función de su actitud ante dicha cooperación: las "ermitañas", las "miembros del club", las "aventureras" y las "diplomáticas", según el argot de los círculos lobbísticos (Gosselin, 2003).
Las empresas "ermitañas" son aquellas que no desean cooperar y que evitan participar en acciones comunes en el seno de asociaciones u otros grupos de influencia. Estas empresas pueden dividirse en dos clases: las que llevan a cabo lobbismo de manera activa por su cuenta y las que no participan en ninguna actividad de este tipo.
Las pequeñas y medianas empresas de reciente creación que actúan como ermitañas tienden a practicar el lobbismo por sus propios medios. En este caso, sus intereses se sitúan mayormente en el plano local y las acciones de influencia son relativamente simples. De hecho, esta etapa puede ser una fase de transición de una estrategia a largo plazo. A medida que las empresas adquieren madurez y reconocimiento en su mercado, pueden incrementar su voluntad de cooperación.
El recurso a la estrategia del ermitaño y la ausencia de cualquier necesidad de lobbismo es a menudo el resultado de una decisión perfectamente consciente. Generalmente, los grupos de influencia de naturaleza asociativa recopilan informaciones estadísticas relativas a su sector de actividad, que comparten con sus miembros. Por esta razón, las empresas de reciente creación prefieren asociarse al grupo de influencia que mejor las represente (o a más de uno), con el fin de beneficiarse del máximo de informaciones útiles y/o estratégicas posibles sin haber de invertir tiempo y dinero en una campaña de lobbismo. En otros casos, una empresa puede verse obligada a emprender una estrategia de este tipo cuando la asociación del sector al que pertenece rehúsa admitir nuevos miembros. En efecto, pueden existir reglas no escritas y períodos probatorios respecto a nuevos miembros y las empresas con poca experiencia pueden no ser admitidas.
Las empresas "miembros del club" son aquellas que cooperan y/o colaboran con otras en el seno de una asociación. La mayor parte del tiempo, las actividades de lobbismo se dirigen a los decisores locales o nacionales. Los "miembros del club" son a menudo empresas con estrategias comerciales a escala nacional. Es el caso, por ejemplo, de las filiales de las compañías multinacionales.
Las empresas "aventureras" tienen una fuerte visibilidad nacional e internacional, pero no desean colaborar con otras empresas en estrategias de influencia. Esta actitud es propia de las grandes corporaciones, independientes y líderes en su sector y mercado. Aun así, estas compañías pueden ser miembros de varias asociaciones. Una empresa "aventurera" puede querer aprovecharse de su pertenencia a una asociación de intereses para estar informada, aunque, por otra parte, desarrolle sus iniciativas de lobbismo por su cuenta. Así, cuando sienten amenazados sus intereses, actúan al margen de la asociación pero con sólidos aliados.
Las empresas "diplomáticas" son las que demuestran una gran voluntad de cooperación y actúan como facilitadoras o catalizadoras de intereses. Las compañías multinacionales asumen a menudo el papel de diplomáticas, aunque las pequeñas empresas también pueden desempeñarlo, especialmente cuando el grupo derivado de la acción diplomática está constituido por empresas del mismo tamaño.
Esta clasificación no es más que un indicador, ya que las estrategias de lobbismo y el grado de cooperación de las empresas varían también en función de los patrones culturales. Por otro lado, debe señalarse que una empresa puede hacer evolucionar su posición en función de las amenazas y oportunidades con las que se enfrente durante su actividad.

Tipo de empresa

Miembro asoc.

Coopera lobby asoc.

Hace lobby al margen de asoc.

Características
probables

Ámbito

Ermitaña

Posible

No

Posible

Pyme y/o nueva

Local

Miembro del club

Posible

Mediana

Local/ Nacional

Aventurera

No

Grande

Nacional/ Internac.

Diplomática

Sí, mucho

Grande

Nacional/ Internac.

3.Dimensión comunicativa y legitimidad: grupos de influencia y relaciones públicas

Algunos ciudadanos y organizaciones están convencidos de que sus puntos de vista no son lo suficientemente conocidos por los poderes públicos o que no están correctamente representados y defendidos por sus representantes políticos. En estos supuestos, crearán, en la mayoría de los casos, un grupo de influencia para hacer valer sus opiniones y, ante todo, para alcanzar un cambio de rumbo favorable a sus intereses.
Este poder de David contra Goliat fascina tanto como es temido. La teoría de la acción colectiva de Olson (1971) sobre el poder que tienen los grupos pequeños sobre las grandes organizaciones, incluidos los gobiernos, es muy elocuente al respecto. Las relaciones públicas perciben frecuentemente este poder por la actitud más abierta de los medios de comunicación ante causas defendidas por grupos comunitarios o agrupaciones de ciudadanos para defender, por ejemplo, la gratuidad de los peajes de las autopistas en determinados tramos. Como recuerdan Grunig y otros (2002), Olson creía que los pequeños grupos de interés eran más eficaces que los grupos más importantes y más consolidados.
Por consiguiente, los grupos de influencia, incluso cuando no disponen de muchos medios o éstos son escasos, pueden posicionar sus puntos de vista en el espacio público y obtener el favor hacia su causa a través de distintas estrategias de relaciones públicas.

3.1.Los grupos de influencia como públicos activos

El auge de los grupos de influencia está vinculado al sentimiento que tienen sus miembros de poder cambiar las cosas realmente. En este sentido, la teoría situacional de Grunig (Grunig y Hunt, 2003) identifica tres variables importantes para que un público (individuo o grupo) sea considerado como activo:
  • el reconocimiento del problema,

  • la implicación de una persona respecto a este problema, y

  • su voluntad de actuar para solucionarlo o atenuarlo.

Si un individuo evalúa que la calidad del aire es mala, reconoce que hay un problema. Si esta persona es asmática, está afectada directamente por este problema. Y si piensa que puede ejercer acciones para remediar el problema, cumple con la tercera condición.
La participación de los individuos en los diferentes grupos de influencia activos en el marco de una sociedad se funda en esta teoría de las relaciones públicas sobre las características de los públicos activos.

3.2.Objetivos de los grupos de influencia

Los resultados perseguidos por los grupos de influencia son variables. Algunos quieren acabar con todo el sistema político o transformar el entorno social, como ocurre en ocasiones con los grupos de estatuto externo ideológico. Muy a menudo, estos grupos que no reconocen la legitimidad del gobierno vigente y tienen posturas cercanas a las acciones extremistas. Al otro lado del espectro, algunos grupos de estatuto interno cercano simplemente quieren llevar a cabo una tarea de vigilancia y seguimiento en previsión de cambios legislativos o reglamentarios susceptibles de afectar a su sector de actividad.
Los grupos estructurados se fijan normalmente objetivos claros, precisos, realizables y mensurables, como procede en todo proyecto eficaz de relaciones públicas. Son numerosos los grupos que fracasan en sus campañas de relaciones públicas y lobbismo porque sus objetivos no cumplen estas condiciones. Como cualquier proyecto comunicativo que sigue el método IPEE (investigación, planificación, ejecución, evaluación), los objetivos de campaña deben responder a las siguientes preguntas:
  • ¿Qué queremos conseguir?

  • ¿Con quién hemos de hablar?

  • ¿Cómo lo haremos?

  • ¿Cuánto dinero estamos dispuestos a invertir?

3.3.Las estrategias

En el campo de las relaciones institucionales y del lobbismo, hay que sortear una importante trampa: creer en una causa apasionadamente no es proporcional al consenso que sobre ella se obtendrá; antes al contrario. Comunicar un posicionamiento estratégico claro, en colaboración con otros grupos –comunitarios, sociales, culturales, etc.– permite contextualizar el tema de la comunicación y crear alianzas que refuercen el argumentario y la dimensión de la representatividad.
Para alcanzar sus objetivos, los grupos de influencia pueden recurrir a todo un abanico de acciones de relaciones públicas que pueden enmarcarse en tres categorías, siguiendo la tipología elaborada por Wilson (1990):
  • Campañas de influencia en los pasillos y despachos de los poderes públicos.

  • Campañas de opinión pública ante la población.

  • Creación de coaliciones para conseguir un poder de representatividad.

Además de las relaciones con los representantes de los poderes públicos, las relaciones institucionales incluyen igualmente intercambios con los partidos de la oposición.

"La oposición también puede sernos útil. Es importante sensibilizar al portavoz de la oposición sobre nuestra causa, pues no es extraño que la oposición fuerce al gobierno a actuar tratando de ciertos expedientes en el período de preguntas [...] Lo mismo se aplica con relación al apoyo de diputados del gobierno. Un apoyo de los diputados de la parte ministerial puede ser bastante útil para «acercar» nuestro expediente a un ministerio".

Hébert, 2005, pág. 74

Como en cualquier programa de relaciones públicas, el método IPEE permite estructurar el enfoque estratégico y prevé la investigación como primera fase de la preparación de un expediente. En efecto, los grupos de interés suelen iniciar su estrategia de influencia mediante distintos mecanismos de investigación que les permiten: elaborar los expedientes, preparar las peticiones, idear el argumentario y divulgar informes de investigación que sustenten la causa defendida en presencia de especialistas o investigadores de prestigio.
Un grupo que defiende la causa feminista podría decidir documentar un expediente con los resultados de una investigación que le permitiera anunciar datos que prueban que las mujeres producen los dos tercios de las horas de trabajo de la humanidad, reciben únicamente una décima parte de las rentas mundiales y poseen menos de una centésima parte de los bienes materiales. Con esta información, la acción representativa de este grupo puede hacerse sobre bases creíbles y verificables, lo que puede contribuir a retener la atención de sus interlocutores.
La creación de alianzas también forma parte de las estrategias de relaciones públicas de los grupos de influencia. Estableciendo alianzas y con una completa base de datos de los decisores públicos, tanto burocráticos como políticos, los grupos de interés también maximizan su proyección y su poder de influencia. Con todo, una agenda completa no es eficaz sin los encuentros personales, que siguen siendo el medio de comunicación más seguro. Asimismo, la identificación de tribunas públicas permite a los grupos de influencia difundir la información ante públicos objetivo. Por ello, la estrategia de relaciones públicas a menudo prevé el recurso a técnicas tales como las comidas-coloquio o coloquios, entre otras actividades, para hacer valer los puntos de vista de los grupos.
Otras iniciativas de relaciones públicas bastante utilizadas son la preparación de testimonios, expertos y demostraciones científicas, o la publicidad de defensa, así como el uso de los más modernos soportes para difundir los mensajes.
Las estrategias de relaciones públicas de los grupos de influencia de estatuto interno difieren de las de los de estatuto externo. Los primeros, como vimos, intentan influir en el gobierno de manera directa, mientras que el propósito de los segundos es influirlo a través de los medios de comunicación y, en última instancia, mediante el apoyo de la opinión pública. No vamos ahora a desarrollar todas las estrategias posibles porque lo haremos con respecto a unas en los módulos dedicados al lobbismo y porque otras son objeto de otras asignaturas. Pero ofrecemos una somera reseña de las estrategias de relaciones públicas más utilizadas.
3.3.1.Estrategias de los grupos de influencia de estatuto interno
Los grupos de influencia de estatuto interno se concentran habitualmente en torno a actividades a menudo desconocidas por el público, pues se dirigen a los centros de poder burocrático-político.
Así, estos grupos encargan investigaciones y redactan informes de síntesis que presentan su punto de vista; elaboran listas de personas influyentes y favorables a su causa; intentan concertar encuentros con los altos funcionarios de un ministerio para adelantarles sus objetivos y su interés; incluso pueden participar en comisiones parlamentarias, en mesas de concertación y en la mayoría de los órganos consultivos paralelos a los centros de decisión.
Igualmente, organizan visitas de empresa para decidores públicos y, sobre todo, participan en multitud de eventos en los que intervienen parlamentarios y donde tienen la ocasión de presentar su causa. Desean, pues, por todos los medios, influir participando en la concepción y elaboración de las políticas públicas.
3.3.2.Estrategias de los grupos de influencia de estatuto externo
Las estrategias de los grupos de influencia de estatuto externo son mucho más visibles. Estando excluidos del proceso formal de toma de decisiones, estos grupos conciben sus actividades de relaciones públicas con vistas a demostrar a los poderes públicos la popularidad y la legitimidad de sus posturas en el seno de la opinión pública.
Así, sus estrategias y técnicas intentan atraer al máximo la atención mediática: demostraciones públicas, campañas de sensibilización, conferencias de prensa, peticiones, sondeos, envío de cartas al director o artículos de opinión a la prensa escrita, así como campañas de movilización popular. Incluso pueden recurrir a las manifestaciones de protesta y a la acción violenta. La información debe tener un eco mediático para captar la atención del público: presentando sus puntos de vista a los periodistas, estos grupos intentan influir en la opinión pública de manera favorable a los intereses que defienden ante los poderes públicos.
No obstante, sean las que fueren las estrategias y técnicas de las relaciones públicas que se adopten por los grupos de influencia, su objetivo es el mismo: añadir su voz en el debate público. Las relaciones públicas en general, y el lobbismo en particular, contribuyen así al establecimiento de uno de los cimientos más importantes de un sistema democrático: cada miembro de la sociedad civil puede hacerse escuchar e influir sobre la legislación y la toma de decisiones de los poderes públicos, sin más límite que los estándares de la ética profesional y el respeto al interés público.

3.4.Grupos de influencia y democracia

El derecho de asociación es un derecho fundamental en toda sociedad que se pretenda democrática. Según Wilson (1990), parece como si los grupos de influencia pudiesen atemperar los fracasos de la democracia mayoritaria. Basándose en los textos de Tocqueville y de Rousseau, Wilson manifiesta que los grupos de interés suponen una alternativa a la política tradicional y que obtienen a menudo una participación más elevada. Los grupos hacen emerger cuestiones frecuentemente olvidadas en las campañas electorales. Permiten así a la minoría, por la fuerza de la unión, hacerse oír sobre temas y procesos que les afectan directamente.
Los grupos de influencia también actúan como almohada entre el Estado y la ciudadanía. Previenen a los poderes públicos del descontento de segmentos de la población respecto a una política o a un proyecto legislativo. Desempeñan, de este modo, una función preventiva de repercusiones negativas y sugieren cambios de contenido. En suma, contribuyen a la democracia a través de sus aportaciones cotidianas al proceso de toma de decisiones por parte de los poderes públicos.
Más aún, los grupos de influencia suelen ser casi siempre los autores de las nuevas ideas, de las soluciones a problemas emergentes. Al estar sobre el terreno, detectan los problemas y proponen vías de acción consecuentes. Sirven de contrapeso a la influencia del aparato burocrático-legislativo sobre los temas políticos. A pesar de esto, algunos opositores al lobbismo describen el componente maquiavélico de este tipo de comunicación de influencia, cuya percepción está demasiado a menudo teñida de tipos delictivos como el cohecho o de oscuros beneficios financieros.
Desde un ángulo normativo, es decir, desde lo que debería ser, la práctica de la influencia a través del lobbismo está, por lo que acabamos de exponer, perfectamente legitimada. Otra cosa es que algunos practicantes actúen de manera oscura y poco profesional. Pero esto, no conviene olvidarlo, pasa en las más nobles de las profesiones: medicina, derecho, periodismo, etc. Y para atajar estos casos está el ordenamiento jurídico, como también lo está para legitimar jurídicamente la participación de los actores civiles en el procedimiento de elaboración de decisiones públicas.
En este sentido, el derecho español es muy claro. El artículo 9.2 de la Constitución establece que "corresponde a los poderes públicos [...] facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política...", y el 23.1 proclama su derecho "a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal". Además, el artículo 105.a) dispone que "la ley regulará la audiencia de los ciudadanos, directamente o a través de las organizaciones y asociaciones reconocidas por la ley, en el procedimiento de elaboración de las disposiciones administrativas que les afecten".
Actualmente, la normativa en materia de procedimiento de elaboración de disposiciones administrativas es la siguiente: el artículo 24 de la Ley 50/1997 del Gobierno regula el procedimiento aplicable a la Administración del Estado. Las comunidades autónomas gozan de competencia exclusiva para regular el procedimiento aplicable para la aprobación de sus disposiciones propias. En cuanto a las entidades locales, se someterán, para la aprobación de sus ordenanzas, al procedimiento previsto en el artículo 49 de la Ley 7/1985, de Bases de Régimen Local, así como al resto de normativa autonómica y local que sea de aplicación. No obstante, debe aclararse que el artículo 105.a) de la Constitución opera en relación con todos los procedimientos de elaboración de disposiciones administrativas, cualquiera que sea la Administración pública autora.
El precepto constitucional citado admite que la audiencia pueda otorgarse directamente a los ciudadanos o a través de las organizaciones y asociaciones reconocidas por la ley. Aun cuando el precepto nada dice expresamente al respecto, tampoco prohíbe una tercera vía para materializar la audiencia, como es la que podría denominarse como "audiencia institucionalizada", otorgada a través de órganos colegiados integrados en la estructura de la Administración y cuyos miembros representan a las mencionadas organizaciones y asociaciones. Por ejemplo, el artículo 22.1 de la Ley 26/1984, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, dispone que las asociaciones de consumidores y usuarios serán oídas en consulta en el procedimiento de elaboración de las disposiciones de carácter general relativas a materias que afecten directamente a los consumidores o usuarios. Y añade en el apartado 4 del mismo precepto legal que se entenderá cumplido dicho trámite preceptivo de audiencia cuando las asociaciones citadas se encuentren representadas en los órganos colegiados que participen en la elaboración de las disposiciones. La "audiencia institucionalizada" constituye un instrumento útil para alcanzar el necesario equilibrio entre otorgar la audiencia y, a su vez, evitar en la medida de lo posible un perjuicio para la eficacia y agilidad en la adopción de las disposiciones.
El artículo 24.1 de la ley del Gobierno (Administración del Estado) señala en este aspecto que no será necesario el trámite de audiencia si las organizaciones o asociaciones hubieran participado por medio de informes o consultas en el proceso de elaboración de la disposición. Este precepto legal exige la audiencia cuando la disposición proyectada afecta a los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos, lo que podrá materializarse –coherentemente con lo dispuesto en el artículo 105.a) de la Constitución– directamente o a través de las organizaciones y asociaciones reconocidas por la ley que los agrupen o representen y cuyos fines guarden relación directa con el objeto de la disposición.
En este punto, el Tribunal Supremo viene interpretando –también tras la entrada en vigor del artículo 24 de la ley del Gobierno– que el trámite de audiencia sólo es exigible cuando se trate de asociaciones que no sean de carácter voluntario, interpretación que pretende tener engarce con la mención a que las organizaciones y asociaciones se encuentren "reconocidas por la Ley", pero que implica una interpretación poco proclive al fomento de la participación de los ciudadanos, quizá para salvaguardar un no siempre bien comprendido principio de eficacia administrativa. En definitiva, sólo cuando la pertenencia a la organización sea obligada (por ejemplo, cámaras de comercio o colegios profesionales) podrá considerarse obligatoria la audiencia a tales organizaciones, pero no cuando se trate de asociaciones de participación voluntaria. Cuestión distinta es que existan otras normas sectoriales (por ejemplo la anteriormente citada ley de consumidores y usuarios) que así lo impongan, o que la Administración voluntariamente otorgue audiencia a organizaciones no obligatorias.

3.5.El rol de la prensa

En ese contexto, los profesionales de las relaciones públicas están muy solicitados por los grupos de influencia. Las relaciones públicas actúan en diferentes niveles, especialmente para entablar relaciones de interés mutuo –en el terreno del lobbismo es, por definición, más apropiado hablar de interés que de beneficio, aunque sean sinónimos– entre el grupo y los representantes de los poderes públicos, preparar expedientes informativos, crear redes de contactos, concertar encuentros u organizar eventos.
Pero los profesionales de las relaciones públicas están llamados a concebir planes de acción que implican relaciones con la prensa. Ésta constituye un lugar de expresión y de opinión que permite llegar a miles de personas a través de la difusión masiva de información transmitida a los periodistas, a la que se añaden la promoción y la publicidad. Según la teoría del establecimiento de agenda (agenda-setting), son los medios los que incluyen en el orden del día los temas suscitados por los grupos de influencia (McCombs, 1996). Sin medios de comunicación social no existirían los grupos de estatuto externo. Sin éstos, no existirían imágenes periodísticas impactantes, ni manifestaciones destinadas a ser cubiertas mediáticamente. Los grupos de influencia son fuentes de información muy interesantes para la prensa.
En primer lugar, los medios otorgan un reconocimiento y una visibilidad pública. Por ejemplo, la aparición del portavoz de la Organización por la Protección y Respeto de los Animales (OPRA) en un debate televisado o en un informativo aporta a este grupo una exposición mediática que puede eventualmente traducirse en un aumento de miembros o en un cambio de percepción por parte de la opinión pública sobre el tema objeto de debate o cobertura informativa. Esta visibilidad puede igualmente utilizar soportes publicitarios, a través de una campaña de publicidad de defensa.
Por ejemplo, un grupo de activistas medioambientales, como Greenpeace, puede comprar espacios publicitarios en un periódico o número especial de una publicación dedicada al tema del medio ambiente, o elegir posicionar su mensaje publicitario al lado de un artículo sobre una cuestión controvertida cuya temática esté vinculada a la protección del medio ambiente.
En segundo lugar, los medios de comunicación social son una fuente de información para los grupos de influencia. A menudo, la prensa informa de iniciativas legislativas que suponen el punto de partida para que determinados grupos opositores emprendan acciones de relaciones con la prensa para la promoción de sus opiniones. Los medios constituyen también un escenario propicio para el intercambio de ideas con el fin de suscitar la reflexión del público. Así, sin ir más lejos, un artículo de opinión sobre los alimentos transgénicos publicado en la prensa escrita puede suponer un paso adelante en el cambio de mentalidad de la ciudadanía.

4.Los think tanks y los advocacy tanks

Los denominados think tanks pueden ser considerados públicos especiales de los programas de relaciones públicas promovidos principalmente por grupos de influencia, al tiempo que son per se actores privilegiados de la actual comunicación política, cada día más nutrida por las técnicas de las relaciones públicas. No obstante, la evolución de estos institutos de análisis político en los últimos tiempos los está asimilando operativamente a los grupos de influencia tradicionales, que son organizaciones que promueven, como éstos, mayoritariamente estrategias de relaciones públicas.
Públicos especiales de un proyecto de relaciones públicas
Los públicos especiales de un proyecto de relaciones públicas son aquellos receptores directos en función de un destinatario, al cual, por voluntad del sujeto promotor, transmiten los mensajes de éste. Los medios de comunicación son públicos especiales respecto a la opinión pública, que es la destinataria.

4.1.Concepto, funciones y tipología

4.1.1.Concepto
La expresión think tank apareció a partir de la Segunda Guerra Mundial y se consolidó durante la posguerra. Se utilizó para describir las organizaciones de investigación militar. Actualmente, en Estados Unidos se cuentan alrededor de 1.500 think tanks. Su impulso se debe a una serie de factores como el fin de la guerra fría y, más tarde, del comunismo, los conflictos étnicos europeos, el paro y la pobreza generados por la crisis económica internacional, el colapso de los sistemas de sanidad pública y privada o el nuevo panorama internacional derivado de los atentados del 11 de septiembre del 2001.
La noción de think tank es resbaladiza. Por este motivo, para proceder a aclarar qué son los think tanks y cuáles son sus fronteras –si es que existen– estructurales, funcionales y operativas en relación con otras figuras similares, merece la pena adoptar una metodología fundamentada en la observación y el análisis de aquellas organizaciones que son consideradas como tales.
Su realidad demuestra la diversidad de envergaduras, estructuras, áreas políticas de análisis y significación política de los mismos. Algunos se manifiestan no implicados ideológicamente. Otros gozan de motivaciones políticas e ideológicas. Unos tienen un talante académico, basado en la investigación y adaptado a los intereses universitarios, mientras que los hay más comprometidos con la defensa y el marketing de las ideas. La especialización también es un elemento diferencial. Encontramos think tanks para temas de medio ambiente, otros centrados en ámbitos geográficos determinados o los hay especializados en política internacional.
La diversidad en el estilo, la actividad y el objeto de análisis no hace plácida la elaboración de una definición unívoca e internacional de los think tanks. Dicho en otras palabras, la importación del modelo norteamericano no siempre certifica como think tanks a organizaciones que, a pesar de coincidir en los fines, son estructural y funcionalmente distintas de los modelos estadounidenses. Desde este ángulo, es crucial la noción de librepensamiento (free-thinking) etimológica y operativamente inherente a los think tanks, aunque este pensamiento autónomo e independiente no es, ni de lejos, un denominador común del fenómeno en Estados Unidos.
El factor cultural deviene así el primero que se debe tener en cuenta a la hora de abordar analíticamente los think tanks, preguntándonos si estamos ante una figura estrictamente norteamericana y, por lo tanto, si el sistema político de ese país condiciona y limita su presencia en otras culturas y sistemas políticos.
El punto de partida requerido para ofrecer una respuesta coherente es analizar las razones de la implantación y el desarrollo de estas organizaciones de análisis político en Estados Unidos, se denominen think tanks, fundaciones, institutos o centros de estudios, o adopten cualquier sigla o logotipo. Son cuatro las principales circunstancias de índole política del crecimiento constante de los think tanks en aquel país.
En primer lugar, la segmentación del sistema gubernamental. El sistema político norteamericano es presidencial y no parlamentario como la mayoría de sistemas europeos. Presenta una separación más acusada entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, compensada por un sistema de controles mutuos conocido como checks and balances. El Congreso adopta su propio programa independientemente del programa del presidente. La única potestad legislativa del primer mandatario es el derecho de veto, superable con una mayoría de 2/3 en ambas cámaras. Cuando el Congreso y la Presidencia están controlados por partidos diferentes, se incrementa la posibilidad de acciones contrapuestas y de conflicto, lo cual genera una multiplicidad de ocasiones de lobbismo mutuo. Por otra parte, los departamentos del Gobierno también están fragmentados en diversas agencias gubernamentales, con intereses y preferencias políticas propios.
La fragmentación institucional del poder político en Estados Unidos persigue evitar la concentración de poder, minimizando los riesgos de caer en una tiranía, y criterios de eficiencia mediante la especialización. El precio a pagar es la complejidad y una mayor dificultad para ejercer un control político efectivo en la Administración pública.
La estricta división afecta también al poder legislativo, en el que la Cámara de Representantes y el Senado actúan independientemente una del otro, aunque existen mecanismos de conciliación en las competencias legislativas que comparten. Su estructura en diversas comisiones y, sobre todo, subcomisiones, acentúa la dispersión del poder legislativo; amén de la ausencia de la "disciplina de partido" que implica que cada parlamentario puede decidir de acuerdo con sus posturas políticas sometidas a las presiones de sus electores y grupos de interés.
Asimismo, el sistema federal estadounidense profundiza la división del poder al repartir las competencias políticas entre el Gobierno federal y los Gobiernos estatales; división que se suma a la ya existente en el seno del sistema capitalista entre las responsabilidades de los sectores público y privado. Tal multiplicidad de participantes en el juego político se incrementa con la creciente importancia del tercer sector, el de las organizaciones sin ánimo de lucro.
En segundo lugar, son pocos los cuerpos que aglutinen los intereses privados a nivel federal. En el engranaje político norteamericano, los partidos políticos no se han desarrollado como organizaciones fuertes a la par que sus homólogos europeos, prestando poco más que funciones electorales en medio de una gran diversidad ideológica entre sus miembros y según los Estados. No hay tampoco estructuras corporativas representativas de los intereses privados en todo el país y que por tanto puedan negociar con el Gobierno.
En tercer lugar, los desafíos gubernamentales son cada día más complejos y están cada vez más interconectados, como demuestra el conflicto entre el desarrollo económico y el medio ambiente. Este factor comporta la dificultad de encontrar expertos o consultores que puedan analizar esta complejidad que supera las especializaciones académicas. Si a esto añadimos las interdependencias internacionales, la situación se complica todavía más.
En cuarto lugar, la última circunstancia es el aumento de cargos de designación política en detrimento de funcionarios especializados en áreas de gestión técnica en la Administración. Ello comporta una mayor politización de la Administración, con más riesgo de clientelismo y menor atención a la calidad de la gestión pública.
Es, pues, evidente que el contexto democrático norteamericano es esencial para el estudioso interesado en el desarrollo de los think tanks. Su crecimiento reciente y su éxito no pueden entenderse sin tener en cuenta cómo funciona la democracia norteamericana, y cómo la vida de Washington es su reflejo. Este es el marco político que ha propiciado la aparición de organizaciones de análisis político para vencer la fragmentación, agrupar los intereses y hacer frente a la complejidad. Sin olvidar, claro está, la tradición filantrópica de Estados Unidos, favorecida por las ventajas fiscales. Esta tradición obedece históricamente a las características del país, con un bajo nivel tanto de impuestos como de servicios públicos.
Aun así, no podemos pasar por alto que una de las especificidades de la sociedad norteamericana es la debilidad de la diferenciación ideológica. Como nación joven, Estados Unidos no ha conocido, con la excepción de una guerra Norte-Sur, ni guerras de religión ni revoluciones sociales. A los norteamericanos, a diferencia de los europeos, no les interesan demasiado las discrepancias ideológicas, como muestra su enraizado bipartidismo. Entre los dos partidos dominantes no hay prácticamente diferencias de ideología, aunque ambos se identifiquen con determinados estratos sociales. Es más, en el seno de cada partido coexisten distintas tendencias: liberales, conservadores, proteccionistas, partidarios del libre comercio, intervencionistas y no intervencionistas.
Estos partidos se centran en temas relevantes, como la rebaja de los impuestos, la reforma del sistema de ayudas sociales, la reducción de la burocracia, la seguridad nacional, una mejor eficacia militar, al tiempo que comparten un sentimiento anticomunista (hoy también antiislamista) y el miedo a un debate que destruyese el consenso nacional e institucional. Tal "unanimismo" institucional se traduce en la ausencia de toda la parte izquierda del espectro político tal y como existe en Europa. En un contexto de este tipo, no es extraño que la función principal de los partidos sea electoral, mientras que la ideológica se haya trasladado a la iniciativa privada.
Algunos de los factores que determinan este escenario son perceptibles en el sistema político español. La fragmentación también aparece en el estado de las autonomías, aunque en menor medida, y la politización de los gestores públicos es igualmente un elemento idiosincrásico del sistema político español. Por el contrario, fenómenos como la disciplina de partido o la fuerte influencia del corporativismo difieren del panorama estadounidense. Con todo, en nuestro sistema político, el número de organizaciones de análisis político está a años luz del norteamericano, aunque empiezan a aparecer. Así, después la creación de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) –la más clara muestra de think tank español al mejor estilo estadounidense, y adscrita al Partido Popular–, han surgido nuevas iniciativas de este tipo –formalmente no adscritas a ninguna fuerza política, pero que encuentran su lugar de influencia en entornos políticamente muy localizados– como la Fundación Alternativas o la Fundació Catalunya Oberta.
Las causas de esta escasez de think tanks nacionales tienen que ver, entre otras, con la reticencia de los empresarios a sufragar fines que no posean una inmediata visibilidad. A pesar de las dificultades, algunos think tanks españoles gozan de una notable reputación, especialmente en el ámbito del análisis de la política exterior. Es el caso del Real Instituto Elcano, la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE) y el Centro de Investigaciones de Relaciones Internacionales y Desarrollo (CIDOB). La gran diferencia de estos think tanks con sus homólogos anglosajones es la ausencia de investigadores universitarios entre los analistas, a causa de la excesiva endogamia del mundo académico, según un destacado miembro de un think tank nacional.
Un factor crucial al que se ha prestado poca atención es el de la dimensión mediática de los think tanks: su relación con los medios de comunicación. Como librepensadores, han de informar a sus públicos. Estos públicos son esencialmente dos: los decisores públicos y los medios de comunicación social. Se crea así una dinámica que ha generado la interdependencia entre las organizaciones de análisis político y sus públicos, derivando en una necesidad mutua.
La presencia de la etiqueta "think tank" en el informe de una organización es aparentemente una garantía de atención mediática, aunque no siempre es así, tal y cómo se evidencia en Lalueza y Girona (2016). Esta necesidad mutua, que no implica de facto el entendimiento mutuo que reclaman los teóricos de las relaciones públicas, ha llegado a desnaturalizar la actividad de los think tanks que, al actuar como meros agentes de prensa, se han sometido a los imperativos de la cobertura y presencia mediáticas.
A pesar de las dificultades conceptuales expuestas, entendemos que, en términos generales, un think tank es una organización formada por intelectuales y analistas variados, que recibe contratos o encargos de organizaciones públicas o privadas para analizar ideas y proyectos, y proponer formas de aplicación de las diferentes actividades gubernamentales y/o industriales para ser difundidas a través de los medios de comunicación social e influir así en el debate público.
Aunque los think tanks no lleven a cabo actividades de presión e influencia parlamentarias propiamente dichas, desempeñan un rol muy notable en el desarrollo de estrategias de influencia, pues su opinión es una de las más consideradas a la hora de abordar cualquier asunto de índole pública o política.
4.1.2.Funciones
La ambigüedad conceptual de los think tanks ha conducido a los estudiosos a preocuparse de cuáles son sus funciones para poder explicar su naturaleza. Ofrecemos las siguientes funciones genéricas desempeñadas con mayor o menor intensidad, con las salvedades propias del contexto nacional en el que se desenvuelvan:
  • Realizar un análisis intelectual de las problemáticas políticas mediante metodologías de diferentes disciplinas, como la historia, las ciencias sociales, el derecho o, incluso, las matemáticas, que aplican a cuestiones relevantes de la acción de gobierno.

  • Preocuparse de las ideas y de los conceptos políticos, investigando y examinando las normas que presiden la decisión pública.

  • Recoger y clasificar la información política relevante.

  • Mantener una perspectiva a largo plazo, centrada en las tendencias más que en los acontecimientos inmediatos, por lo que los think tanks son una fuente de información capital para la planificación de estrategias de la gestión de conflictos potenciales.

  • Presionar al gobierno, ora influenciándolo directamente a través de publicaciones y su impacto en el debate público, ora a través de la discusión directa con sus miembros, pero desvinculándose, en mayor o menor medida, del gobierno y de los partidos políticos. Esta función los aproxima a los grupos de interés.

  • Comprometerse a informar a una amplia audiencia, utilizando las más variadas técnicas comunicativas, así como los más modernos soportes electrónicos: publicaciones, relaciones con la prensa, reuniones y foros con la participación de altos funcionarios y académicos.

Este listado es un instrumento muy útil para evaluar los objetivos de los think tanks, pues, según cuál sea el énfasis que pongan en cada uno de los puntos, se puede establecer una clasificación de acuerdo con su cumplimiento. Sin embargo, algunas de las funciones anteriores son comunes a la gran mayoría de estas organizaciones. Ello es aún más cierto respecto a la última, que las justifica como elementos estructurantes de los procesos comunicativos de buena parte de los programas de relaciones gubernamentales.
Desde esta óptica, a pesar de los problemas inherentes a cualquier intento de ofrecer un listado de su estructura y funciones, hay dos objetivos comunes a todos ellos, independientemente del esfuerzo que inviertan en su logro. El primero es influir en el clima de opinión en el que se mueven los actores políticos. El segundo es informar a quienes toman las decisiones públicas, contactando con parlamentarios, altos cargos o funcionarios de la Administración pública. Puede observarse que esta dimensión –que los autores han probado en el contexto británico– confiere a los think tanks una naturaleza que dificulta distinguirlos de los grupos de presión, al menos operativamente. De aquí la importancia de establecer una taxonomía que supere las dificultades que plantea su delimitación como fenómenos singulares.
4.1.3.Tipología
Atendiendo al fin perseguido, podemos distinguir entre los think tanks que pretenden informar en el debate público (forum think tanks) y aquellos que quieren imponer su visión particular sobre una problemática pública (committed think tanks). Esta distinción teleológica confirma que los segundos actúan como los grupos de presión, mientras que la dimensión informativa de los primeros los convierte en meros informadores desvinculados de intereses privados, cuya colaboración puede ser más eficaz como público aliado en una determinada acción destinada a influir en la toma de decisiones públicas. Aun así, la tipología aludida, al ser finalista, no soluciona cuestiones estructurales a la hora de diferenciar entre think tank y otras organizaciones dedicadas a la investigación política.
Ha sido Weaver (1989) el autor que ha aportado la clasificación más interesante y aclaratoria realizada hasta la fecha, clasificación que resuelve las controversias de identificación de estas organizaciones.
La primera categoría la constituyen las "universidades sin estudiantes" (universities without students). Con esta expresión, nuestro especialista describe instituciones con un gran número de personal investigador (que puede estar formado por profesores universitarios) que trabaja principalmente en la elaboración de libros y publicaciones variadas. A diferencia de las universidades, el personal de estos think tanks no se dedica a la formación diaria de estudiantes en el sentido en el que lo hacen los docentes universitarios y, por otra parte, las áreas temáticas de investigación están mucho más centradas en la actividad política de lo que lo están los departamentos universitarios, más académicos, más teóricos.
Los resultados de la investigación de ambas organizaciones difieren por dos motivos básicos. En primer lugar, los investigadores universitarios se enfrentan a unos incentivos diferentes: el interés en cuestiones políticas sustantivas y el hecho de que el proceso político raramente gratifica si no contribuye teóricamente a la disciplina del investigador. En segundo lugar, los analistas universitarios no tienen tantos contactos con los actores políticos como los de los think tanks a la hora de elaborar sus investigaciones. Ello implica que los think tanks generen conclusiones más sensibles a los debates políticos corrientes que las de las universidades tradicionales. En esta tipología, se incluyen la Brookings Institution y el American Enterprise Institute. Asimismo, la diversificación de las fuentes de financiación es una característica de estas "universidades sin estudiantes", ya que los fondos proceden de corporaciones, individuos y fundaciones. Esta variedad de patrocinadores reduce el riesgo de reacciones adversas ante los hipotéticos resultados negativos de una determinada investigación encargada por un cliente.
Fundado en 1927, de tendencia liberal, la Brookings Institution es el think tank más antiguo de Washington y uno de los más prestigiosos y financieramente estables.
Fundado en 1927, de tendencia liberal, la Brookings Institution es el think tank más antiguo de Washington y uno de los más prestigiosos y financieramente estables.
El segundo modelo de think tank lo conforman las "organizaciones de investigación contratada" (contract research organizations). Como su nombre indica, actúan contratados por el gobierno o por los intereses privados para iniciar una investigación en cualquier campo. A diferencia de la objetividad característica de las "universidades sin estudiantes", que las incluyen en la categoría de forum think tank, el modelo que nos ocupa goza de una marcada idiosincrasia partidista o interesada, de acuerdo con los intereses de los fundadores, de los miembros y de los clientes. Son, pues, los aliados ideales en las acciones de lobbismo de los grupos de interés, con el añadido de que sus conclusiones han de concordar con los intereses de sus clientes, si no quieren perderlos en beneficio de think tanks de la competencia. La Rand Corporation se inscribe en esta tipología dada su estrecha colaboración con el departamento de defensa norteamericano.
Los think tanks de defensa (advocacy tanks) –también conocidos como transition tanks– son el tercer modelo establecido por Weaver. Es el más reciente y destaca por su agresiva política con el fin de que su ideología (vinculada a algún partido político) sea recogida por la agenda pública. Para influir en el debate político vigente en cada momento, recurren especialmente a las técnicas de las relaciones públicas unidireccionales. Los formatos utilizados para difundir sus mensajes suelen ser los folletos o los expedientes e informes (papers), más que los libros.
La orientación ideológica de los principales think tanks norteamericanos la ofreció la revista Business Week (número del 3 de julio de 1995) como sigue: 1) conservadores: American Enterprise Institute, Heritage Foundation; 2) biberales: Cato Institute, Economic Police Institute; 3) moderados: Brookings Institution, Urban Institute; 4) centrista/demócrata: Progressive Policy Institute.
La dificultad de separar esta categoría de los grupos de influencia es inmensa, ya que su principal objetivo es provocar un cambio en la acción política y no la investigación política. En Estados Unidos, la Heritage Foundation y el Institute for Police Studies son sus máximos exponentes. La proliferación de los advocacy tanks y la conversión en tales de think tanks de ideología tradicionalmente neutral han supuesto uno de los límites a la presentación de estas organizaciones como instituciones imparciales y objetivas, y ponen sobre la mesa uno de los temas más relevantes a la hora de analizarlas en el marco de un mercado competitivo de las ideas.
Laura Bush participando en un encuentro organizado por la Heritage Foundation
Laura Bush participando en un encuentro organizado por la Heritage Foundation
Tradicionalmente, los think tanks cultivaron la imagen de imparcialidad e independencia a la hora de investigar problemas, lo que se traducía en llegar a conclusiones, más que proveer justificaciones a conclusiones que ya habían sido formuladas. Con la aparición de los advocacy tanks, la imparcialidad ideológica está en crisis. Una de las razones –lo veremos más adelante– radica en el panorama mediático, especialmente el televisivo. Del mismo modo, conviene resaltar la importancia que el término advocacy está adquiriendo en el argot anglosajón de las relaciones públicas. La defensa de los intereses es uno de los componentes intencionales estructurantes de las relaciones públicas. El concepto de advocacy tank es, por consiguiente, un elemento más, no sólo terminológico, sino también ontológico, demostrativo de la función cada vez más intrínseca de las relaciones públicas en la actividad de estas organizaciones y, por extensión, en la vida política general.
Una última forma, no excluyente de la anterior, que pueden adoptar los think tanks es la conocida como think and do tank, cuya actividad se concreta en la organización de actos y eventos con el propósito de recaudar material variado para ayudar a un grupo o entidad específica. Una muestra: el Center of Democracy actuó como tal cuando llevó a cabo un programa para conseguir donaciones personales de ordenadores, impresoras, aparatos de telefax y otra maquinaria de telecomunicaciones destinada al parlamento polaco. Sus miembros también son llamados a participar como observadores en los procesos de paz e interactúan con los representantes de la ONU. Emplean a menudo las técnicas de la movilización de bases populares (lobbismo de base o grassroots lobbying), el establecimiento de coaliciones y el activismo en la defensa de sus intereses, por lo que la investigación constituye una función secundaria, aunque estuviera en el origen de su fundación. Esta dimensión activista (el "do" de su denominación) los configura como un tipo específico de advocacy tank.
Es el caso del East-West Forum, que se fundó con el fin de establecer un debate público transparente sobre los asuntos de la Unión Soviética y la Europa del Este, que produjo una gran cantidad de libros y organizó numerosas jornadas y congresos con esta finalidad, pero que ha derivado hacia el interés por las políticas educativas, un terreno donde puede desarrollar tareas más activistas y comprometidas.

4.2.Estructura

Todo lo expuesto hasta el momento constituye una prueba concluyente –para nada circunstancial– de la importancia de la comunicación y, en especial, de las estrategias de relaciones públicas en la actividad de los think tanks. ésta es una de las características comunes, pero no la única. En efecto, se trata de organizaciones con vocación de permanencia y con una estructura, una organización y un personal especializado. No tienen responsabilidades directas en operaciones de carácter gubernamental. Sus staffs profesionales tienen cualificaciones especiales, en las que destacan, entre otras, la capacidad metodológica, el trabajo de campo y los análisis estadístico, argumentativo, histórico y de los riesgos, junto con un conocimiento de las realidades políticas y de las más estrictamente gubernamentales.
Los librepensadores de los think tanks pueden ser externos (contratados) o residentes. En el primer caso, el personal es libre de planificar, publicar y difundir a través de los medios informativos los resultados de la investigación. Este modelo permite al think tank abarcar un amplio espectro de temas públicos o tratarlos más profundamente de cómo lo haría su propio personal, aparte de los provechos financieros que supone, en comparación con los pensadores contratados laboralmente. No obstante, no todo son ventajas. El recurso a personal externo limita la posibilidad de consolidar la fidelidad a una política investigadora, ya que el contacto entre los investigadores suele ser, como mucho, ocasional. En esta situación, también es difícil para el think tank mantener un sólido perfil público, lo cual afecta a una correcta política de relaciones públicas al no estar presentes los investigadores en las conferencias de prensa, ni en los contactos con los decisores públicos.
Pero los inconvenientes no se extienden exclusivamente a la difusión de la información. Ciertamente, la organización no puede llevar a cabo el seguimiento del trabajo de los investigadores ni controlar la duración de la investigación. Ello ha conducido a advocacy tanks arraigados en la fórmula de la contratación externa, como la Heritage Foundation, a proveerse de investigadores internos para controlar la programación temporal de sus trabajos, pues su objetivo de influir en las decisiones públicas la obliga a trabajar a corto plazo.
El modelo de personal residente o integrado plantea dos opciones a los dirigentes de los think tanks que lo han adoptado: decidir si el personal ha de ser permanente o rotativo (es decir, que provenga de otras organizaciones homólogas) o decidir si ha de estar o no formado básicamente por profesores universitarios. Las ventajas e inconvenientes de los investigadores rotativos son los mismos que los expuestos en el modelo anterior.
Ahora bien, la realidad es que los think tanks que optan por un staff rotativo (el Wilson Center de Washington, por ejemplo) son centros excesivamente ligados a universidades, donde los universitarios pasan períodos sabáticos. Estas organizaciones raramente publican los resultados de sus investigaciones y no tienen un objeto político sólido. Tampoco pretenden influir en el debate político a corto plazo. La función de los académicos es importante como fuente de sabiduría y credibilidad. Por esta razón suelen formar parte de aquellos think tanks cuyos clientes son las agencias gubernamentales norteamericanas que necesitan legitimar sus posturas sobre la base de conclusiones socialmente respetadas y creíbles. En contraposición, los advocacy tanks cuentan con pocos profesores entre su plantilla de investigadores. Aparte de los motivos actitudinales de los propios universitarios –bastante refractarios a elaborar informes orientados hacia un posicionamiento predeterminado por los intereses del think tank–, las principales causas de la incompatibilidad entre los advocacy tanks y los académicos son de índole comunicativa: el dominio de una retórica accesible para el público en general suele chocar con el lenguaje propio de una autoridad en una disciplina concreta.
Otro criterio que interviene en la configuración de la plantilla de investigadores es decidirse por una coherencia ideológica y metodológica o tender hacia la diversidad. Para un sector doctrinal, la orientación ideológica no condiciona la de los investigadores (la Brookings Institution, por ejemplo, contrata a demócratas y republicanos, conservadores y liberales, en aras a una mayor exactitud de la investigación). Con la expansión de los advocacy tanks, este pensamiento se ha visto de nuevo superado. Tradicionalmente, la ideología no era tenida en cuenta en la selección del personal, excepto en los niveles jerárquicos más elevados. Como máximo, se excluían las ideologías consideradas extremistas, como el marxismo. Pero los advocacy tanks han puesto de manifiesto que la uniformidad ideológica asegura una consistencia en los resultados de la investigación, con el peligro añadido de que puede conducir a su ignorancia por el hecho de ser percibida como excesivamente previsible. En cualquier caso, la ignorancia debería originarse en unos medios de comunicación también desvinculados de intereses corporativos que reprobasen la información tendenciosa, ya que la opinión pública difícilmente puede conocer los vínculos de los think tanks con una determinada ideología o interés privado.

4.3.Think tanks y relaciones públicas

Los think tanks son organizaciones de carácter eminentemente político y cuyo principal objetivo es mejorar el proceso y contenido de las políticas públicas. Su trabajo se dirige a estudiar los problemas sociales para proponer soluciones políticas. Su output principal se centra en el análisis de las situaciones existentes y en el asesoramiento a cualquier persona –física y jurídica– u organismo público mediante la producción de una numerosa documentación plasmada en informes, expedientes y libros. Tienen un interés especial en comunicar el resultado de sus trabajos a todos aquellos individuos que están involucrados y participan en la elaboración de las políticas públicas.
El perfil ofrecido hasta el momento ha sido recogido por la mayor parte de los especialistas en el tema y constituye un denominador común de los estudios de los think tanks. Sin embargo, es escasa la doctrina que destaca cuatro factores que consideramos fundamentales.
En primer lugar, los think tanks adoptan, por regla general, la forma jurídica de la fundación y, viceversa, muchas fundaciones han acabado por actuar como think tanks. Esta característica acentúa el uso de las relaciones públicas no lucrativas, en especial la captación de fondos (fundraising).
En segundo lugar, las ideas generadas por los think tanks tienen metas comunicativas que se articulan a través de unas marketing public relations, donde el producto son las ideas. En otras palabras, la actividad primordial de estas organizaciones es la comercialización de las ideas y las herramientas competentes son las técnicas de las relaciones públicas, sin despreciar, como señalaremos, el uso de las relaciones públicas desde una perspectiva estructural y estratégica, alejada de la mera comercialización.
En tercer lugar, la aparición e impulso de los advocacy tanks está dejando sin vigencia la distinción entre think tanks y grupos de influencia, desde el momento en el que su actividad está dirigida a satisfacer los intereses de sus patrocinadores. El caso de ExxonMobil expuesto anteriormente es una buena muestra de ello.
En cuarto lugar, algún autor, como Stone (1996), confunde el "producto" de los think tanks con su objeto o actividad. Una cosa es la investigación como actividad primera de estas organizaciones y otra el "producto" que comercializan. En este punto aparece la dicotomía entre ideas e ideología. La separación también es belicosa y dependerá de la cultura corporativa de cada think tank. Los de marcada dependencia ideológica, conocidos como ideological tanks, son abiertamente productores de ideología. Aquéllos con un objeto de análisis monotemático, también denominados specialist tanks, están más lejos de una ideología globalizadora y producen informaciones sobre temas públicos como el medio ambiente, la situación de las minorías étnicas, la energía, los recursos naturales o el terrorismo. Recientemente han aparecido, también en Estados Unidos, los state tanks, más preocupados por cuestiones de los estados federados o de un determinado condado, en lugar de por problemas de ámbito nacional.
Esta diversidad de objetos de análisis impide proporcionar un desenlace unívoco a la cuestión formulada. Interrogarse sobre si los think tanks producen ideas o ideologías es un debate que nace herido de muerte; y no sólo porque la respuesta puede ser distinta según el think tank observado, o porque es ya de por sí espinoso distinguir cuándo nos encontramos ante una idea y cuándo ante una ideología –si es que es posible distinguir ambos términos–, sino por el hecho de que por encima de ambos conceptos se impone a marchas forzadas el de interés; interés que, dada su función de prestación de servicios que los caracteriza, abarca tanto al instituto de investigación como al cliente que lo contrata. Desde este punto de vista, que los diferencia de las estrictas organizaciones sin ánimo de lucro, es significativo que los productos de los think tanks no siempre están destinados a figurar en la agenda pública. En ocasiones, sus informes son "commercial in confidence", cuyo destino se limita al uso interno y confidencial del cliente. Aun así, ello no excluye que la agenda de investigación de algunos think tanks esté determinada exclusivamente por el comité de investigación, sin posibilidad alguna de intervención o condicionante por parte de los intereses privados.
La dimensión comunicativa de los think tanks puede ser técnica o estratégica. La primera dimensión, ya lo hemos dicho, se enmarca en el contexto del marketing de las ideas. Según cuenta Matlack (1991), a comienzos de 1991 la consultora de relaciones públicas Hager Sharp de Washington recibió el encargo de un cliente que quería concertar una reunión en el Capitolio para presentar un estudio en forma de libro sobre la financiación de la atención sanitaria. Hager Sharp llamó a diferentes parlamentarios para estimar el interés en el tema y asesoró al cliente sobre las distintas tácticas para sacar partido informativo a la presentación. También reclutó a parlamentarios y periodistas para asistir a la reunión informativa. Esta historia forma parte de la rutina diaria de las agencias de relaciones públicas de las capitales de estado. Lo que le otorga singularidad y despierta nuestro interés es el hecho de que el cliente era la Brookings Institution, el think tank más reputado de Estados Unidos, comadrona del Plan Marshall e instructor de los presidentes de ese país.
Esta historia explica la creciente presencia de las relaciones públicas en los cometidos diarios de los think tanks. Como expuso el entonces presidente de la Brookings Institution, Bruce K. MacLaury, la preparación de aquel acto era un hecho inusual para su organización, pero, dada su efectividad, continuarían utilizando las agencias de relaciones públicas para promocionar sus publicaciones.
En la actualidad, esto es una realidad: dichos informes y publicaciones se analizan en los principales medios informativos, a la par que sus investigadores más destacados aparecen en los programas de debate con más audiencia. El emplazamiento de líderes de opinión en los medios es una de las tácticas inherentes a los think tanks contemporáneos.
Así, esta mediatización se ha convertido en un factor endémico a la hora de perfilar los think tanks. La función de situar en la agenda pública ideas que los transforman en observadores y portavoces, en principio neutrales, de las problemáticas públicas y sociales, supone que el papel de la comunicación sea vital en su actividad difusora, análogamente a lo que sucede con los otros grupos de interés, como las ONG o los movimientos sociales. Pero con la gran diferencia respecto a estos últimos, que, así como los grupos activistas, han de captar la atención informativa organizando eventos demostrativos de la existencia de un conflicto (en detrimento de las ideas que defienden, los mass media se interesan por las ideas de los think tanks y no por sus actos reivindicativos).
En lo que concierne a las ideas conservadoras, aquellos que hablan del desarrollo de tales ideas no se dedican tanto a producirlas como a comercializarlas como producto. La muestra más clara de ello nos viene de la Heritage Foundation, buque insignia del movimiento intelectual conservador, que destina aproximadamente un 35% de su presupuesto –mucho más que el resto de think tanks– al marketing de sus productos.
A pesar de ello, los dirigentes de los think tanks rehúyen de su condición de meros estrategas del marketing. Ésta es también la opinión de Smith (1991), uno de los primeros estudiosos del fenómeno, cuando considera que las tácticas del marketing, aunque eficaces a corto plazo, no son necesariamente los ingredientes para influir a largo plazo en el proceso político ni para un diálogo público relevante; un diálogo que se articula a través de las relaciones públicas. De aquí que el designado "mercado de las ideas" sea una metáfora insuficiente para comprender el impacto de los think tanks en la sociedad norteamericana, a pesar de haber conducido a los especialistas del marketing –junto a los de las relaciones públicas– a ocupar lugares destacados en sus plantillas.
Esta situación evidencia la naturaleza informativa con la que se presentan los mensajes de los think tanks. Los medios utilizados así lo demuestran. A mediados de la década de 1980, los 25 principales institutos de investigación política de Estados Unidos publicaron unos 250 libros y más de 1.000 informes y conferencias. La organización de jornadas, reuniones o congresos es también uno de los instrumentos genuinos de las acciones de relaciones públicas de los think tanks. Pero las técnicas más utilizadas son las propias de las relaciones con la prensa, en especial las conferencias de prensa para informar a la opinión pública de su postura en un determinado asunto de ámbito nacional o internacional. De hecho, los medios de comunicación social son sus principales canales de influencia.
El libro The Media and the War on Terrorism de Stephen Hess y Marvin Kalb, es uno de los muchos publicados por la Brookings Institution.
El libro The Media and the War on Terrorism de Stephen Hess y Marvin Kalb, es uno de los muchos publicados por la Brookings Institution.
El ejercicio continuado y cuidadoso de las relaciones con la prensa los equipara al resto de actores del panorama político, cada día más preocupados por aquello que se conoce como el "going public": apelar directamente al público a través de los medios de comunicación para conseguir el respaldo a una iniciativa, idea, causa, etc. La estrategia del going public de los think tanks tiene como objetivo generar datos, información que es transmitida a la audiencia, a los futuros votantes a través de los medios de comunicación tradicionales y de Internet. En este sentido, el going public supera la teoría del doble nivel de conocimiento o doble flujo de la comunicación, reduciéndolo a un único nivel configurado por la relación directa entre el elector y la fuente del mensaje político, especialmente en la cibercomunicación.
La política de presencia mediática, propiciada por el aumento de los debates públicos y la propia estructura de la programación televisiva, ha conducido a la fisura de la tradicional percepción de la imparcialidad ideológica de los think tanks. Para generar la discusión y el debate, los talk-shows necesitan vertebrarse como un combate ideológico entre expertos. Este factor ha supuesto el posicionamiento ideológico de los think tanks a través de los medios, por lo que se han convertido en víctimas de sus propias técnicas de actuación, al devenir en prisioneros y protagonistas del conflicto –en este caso ideológico– como fuente de interés informativo. En pocas palabras, la transformación de los think tanks en advocacy tanks es un proceso paralelo al aumento en el uso que han hecho de las relaciones con la prensa, en un claro exponente del influyente rol de las relaciones públicas en el intercambio de los mensajes políticos.
Estrategia de desinformación de ExxonMobil
La estrategia de desinformación de ExxonMobil para evitar las políticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, expuesta en el subapartado 2.2.4, "Obtención del estatuto", movilizó a más de cuarenta think tanks, incluyendo la participación mediática de igual número de expertos, entre los que se encuentran académicos, investigadores y asesores científicos, como el catedrático Frederick Seitz o Robert C. Balling, Jr., autor de un libro sobre el tema.

Resumen

Los grupos de influencia se caracterizan por ser estructuras sociales organizadas en torno a un interés común que representan y defienden influyendo sobre los poderes públicos. Esta estrategia de influencia, cuando se articula a través de mensajes informativos, es el lobbismo.
Estos grupos los forman mayoritariamente las asociaciones y otras organizaciones sin ánimo de lucro que agrupan a personas con un interés común o a empresas de un mismo sector de actividad. Sin embargo, desde la perspectiva de su elemento intencional, es decir, de la representación y defensa de sus intereses a través de la influencia, el concepto de grupo de influencia incluye cualquier tipo de organización (asociación, empresa privada, ONG, etc.) distinta de los partidos políticos.
La amplitud del concepto y la concentración de los tres elementos que perfilan un grupo de influencia (organización, interés e influencia) provocan que no siempre esté claro encajar en esta figura algunas manifestaciones de participación popular destinadas a influir en los poderes públicos a través, principalmente, de acciones ante la opinión públicas. Así, los movimientos sociales no suelen considerarse grupos de influencia por la teoría política, aunque el cada vez mayor nivel de organización de estos fenómenos hace a menudo muy difícil diferenciarlos de los grupos de influencia. Por otra parte, en Estados Unidos existen otras figuras similares a los grupos de influencia por su capacidad de influir en las decisiones públicas, como los caucuses y los comités de acción política (PAC, political action committees).
Los elementos estructurales de todo grupo de influencia son: estar organizado, la existencia de uno o más intereses que representar y defender, así como el ejercicio de la influencia sobre los poderes públicos.
Los grupos de influencia son organizaciones. Éste es el principal motivo por el que los movimientos sociales no suelen considerarse como grupos, al ser manifestaciones en principio espontáneas. Esta organización implica no sólo la unión de sus miembros en torno de uno o varios intereses comunes, sino el compromiso con la causa, con la defensa de dichos intereses.
Los grupos de influencia están organizados para la defensa de un interés. Sin embargo, esto no implica que esta defensa sea la razón de su organización. Así, los grupos de influencia difieren de los públicos de la teoría situacional. Una gran empresa es un grupo de influencia, pero a diferencia de, por ejemplo, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, no se crea para defender un interés concreto, sino que esta defensa operará cuando el escenario legislativo tenga (o pueda tener, en cuyo caso interviene la gestión de conflictos potenciales) consecuencias sobre su desarrollo como empresa.
La influencia es, finalmente, el tercer elemento estructural de los grupos de influencia. El nivel de influencia depende de varios factores. Los dos más comunes son el tamaño del grupo y su representatividad –que a su vez está condicionada no sólo al tamaño, sino también a criterios de credibilidad de su actuación. Sin embargo, no podemos desdeñar otro factor fundamental: el rol. El grado de influencia vendrá determinado en función del rol que las organizaciones ejerzan en el proceso político.
Existen muchas tipologías de grupos de influencia. No obstante, una de las más útiles es la que distingue entre grupos de influencia de estatuto interno, grupos de estatuto externo y grupos de estatuto ambiguo. Esta categorización se funda precisamente en el rol que tiene el grupo en el proceso de toma decisiones, determinando al mismo tiempo el tipo de estrategias de relaciones públicas que aplican: relaciones interpersonales y lobbismo directo en el caso de los grupos de estatuto interno, relaciones con la prensa en el caso de los de estatuto externo y una mezcla de ambas en el caso de los grupos de estatuto ambiguo.
Esta radiografía de los grupos de influencia muestra su papel capital en las sociedades democráticas. Las naciones democráticas, en sus constituciones o textos legales equivalentes, garantizan el derecho de todos los ciudadanos a participar en la vida política y en el procedimiento legislativo, directamente o a través de organizaciones. La legitimidad de los grupos de influencia es así incuestionable siempre, claro está, que esta influencia, canalizada a través de las estrategias de lobbismo, se base en la persuasión, nunca en la desinformación o la manipulación.
La acción de los grupos de influencia se sitúa en el espacio público, donde el papel de los medios de comunicación es esencial. En este contexto, los grupos son sujetos retóricos que deben hacer valer sus ideas y tesis, muchas veces basadas en las opiniones de líderes de opinión y expertos. Con la aparición de los think tanks, este liderazgo de opinión, tradicionalmente individual, está pasando a ser colectivo. En efecto, los think tanks, organizaciones (normalmente fundaciones) de análisis de las políticas públicas, son los nuevos expertos sobre los asuntos públicos. Sus ideas y la difusión de éstas son herramientas fundamentales para ayudar a la credibilidad del argumentario que los grupos de influencia emplean en la representación y defensa de sus intereses. Sin embargo, estas organizaciones están cada vez más promovidas por partidos políticos y sus informes, alineados con intereses privados partidistas, lo que da lugar a una nueva forma de think tank: los advocacy tanks, cuya peculiar idiosincrasia hace difícil distinguirlos de los grupos de influencia. De todos modos, su papel de colaboradores en las estrategias de lobbismo los mantiene en esta dimensión de "independencia intelectual" ante una cada vez menos incrédula opinión pública.

Actividades

1. Clasificad los siguientes grupos de influencia de acuerdo con las categorías establecidas en este módulo (grupo de estatuto interno, de estatuto externo o de estatuto ambiguo):
  • Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE)

  • Amnistía Internacional

  • Organización Nacional de Ciegos (ONCE)

  • Telefónica

  • Universidad Complutense de Madrid

  • Intermón Oxfam

2. Analizad el contenido de los sitios web de los principales think tanks españoles citados y reflexionad en cada caso sobre si estamos ante un think tank o un advocacy tank. Luego, planteaos la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto los think tanks validan o refutan la tipología entre grupos de estatuto interno, externo y ambiguo?

Bibliografía

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